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miércoles, 15 de junio de 2011

Chico y Rita, amor por la música.

No se puede hablar de Cuba sin mencionar La Habana, como no se puede hablar de esta isla sin hablar de música. Los mismos ritmos que hacen músicos de puro talento, que mezclan su don innato con la picaresca de la isla y su sonrisa ante la vida.


En La Habana de los años 40, Chico, como tantos otros cubanos, vive de tocar en distintos locales a cambio de unos pocos pesos. Con un ojo puesto en los grandes hoteles para gringos y el otro en Nueva York, el corazón del jazz por aquel entonces.

Es en uno de esos hoteles donde Chico conoce a Rita, una bella mulata de extraordinaria voz ue trabaja a partes iguales como acompañante de gringos y como cantante. Comienza así una relación de amor y desamor que recorre La Habana primero para perseguirse después por los locales de Nueva York. Amor que los protagonistas no saben distinguir de su sentimiento por la música, esa pasión para la que han nacido y les permite vivir, pero no los completa. Seis décadas de búsqueda de sus sueños a ritmo de jazz latino, de son, de garitos oscuros y de luminosos music halls, que les llevará a encontrarse a sí mismos a través de su otra mitad.



Fernando Trueba nos cuenta esta bella y sencilla historia tantas veces contada otras veces ayudado por el talento de Mariscal para hacer simple lo complejo. Enamorado del jazz y de la música latina, Trueba dedica esta película a Bebo Valdés a través de una ficción musical con toques de realidad y por medio del trazo simple y el gran colorido de Mariscal, que nos transporta con acierto a la Cuba pre-revolucionara y a La Gran Manzana en pleno apogeo del jazz. El mismo Bebo Valdés, tras retirarse de tocar, es el encargado de poner la banda sonora a esta magnífica película, música que sin duda se convierte en un broche impagable que casi se come el protagonismo del film, pero que es uno de los culpables de ganar el Goya a la mejor película de animación de 2011.


Y es que sin música esta película no se entiende, cosa que parece no entender la editorial Sins Entido la cual, haciendo honor a su nombre, saca a posteriori un cómic de la película. Un absurdo promocional que intenta pasar a viñetas muda una historia en que la música es el hilo conductor, lo que da sentido a los personajes, sus relaciones y anhelos. Aunque Mariscal afirme que supuso un gran esfuerzo este cómic y que tuvo que cambiar encuadres y ajustar el guión, él mismo reconoce que tendría que llevar música incorporada. Al final queda un cómic bonito pero incompleto, por lo que tengo que recomendar ver la película desechando la idea de abrir el cómic, se pierden lo mejor de la historia. Aún así, enhorabuena a Trueba y Mariscal por apostar por la animación en español como vehículo para contar grandes historias.



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