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domingo, 23 de diciembre de 2012

En el Price, palomitas y nivel

Ya está aquí a pleno rendimiento, como cada año, el espectáculo navideño del Teatro Circo Price. En esta ocasión, dirigido por los coreógrafos Rob Tannion y Michelle Man (habituales de CRECEs pasados) y producido por Manuel González, se ha reunido a un buen plantel de artistas y se les ha dado un hilo conductor más enfocado a un público infantil, como corresponde a la cita navideña de este circo.


El argumento es algo simple e incluso inocente, aunque lo vendan como una apuesta "radicalmente diferente e innovadora": Ben (Benjamin Eugène, acróbata belga), es un chico que ha dejado de jugar y leer libros de aventuras porque pasa el día enganchado a su videoconsola. Pero entonces Maya y Darío, personajes de "El libro de la imaginación", salen del mismo y llevan a Ben a vivir mil aventuras para que vuelva a jugar como antaño, usando su imaginación. Con esta excusa, el escenario es un gran puzzle con pantalla multimedia enorme que ayuda (parcialmente, a veces distrae) y los números (de alto nivel todos) se suceden tirando de ese hilo en el que todo queda explicado.

Alba Sarraute, "Maya", es la encargada de conducir a Ben y a todos los espectadores a lo largo de este viaje. Y lo hace maravillosamente bien esta payasa tan versátil. Alba canta, baila, toca el saxofón y hace acrobacias, lo que haga falta para llevar el peso de la obra. José Luis Redondo, "Darío" (Cía Tres puntos y Aparte), se encuentra algo tapado por la ausencia de texto en un guión que en principio compartía con Alba y luego se le quitó la voz, privándonos a los espectadores de su humor.

Abre la noche Tania Cervantes con las eslingas aéreas, una suerte de cuerdas aéreas que se van desprendiendo mientras realiza sus acrobacias a varios metros del suelo, sin perder la sonrisa ni la elegancia en ningún momento. Tras ella, como en un sueño de verano, aparece un beduíno que no es otro que Felipe Mejías, el artista que nos dibuja con arena cualquier cosa que imaginemos. Es hipnótico mirar su trabajo, tanto que es el único artista del elenco que repite en el espectáculo navideño, muy merecido.

Tania Cervantes
Aparece entonces cuatro chicas pertenecientes a la prestigiosa Troupe Acrobática Nacional China que realizan una impresionante rutina de antipodismos con jarrones y alfombras, que combinan con icarios al más puro estilo asiático. Impecables, espectaculares y amantes del más dificil todavía sin artificios. Increíbles. Tras ellas llega el turno del Dúo Anastasia & Mikhail, de la Troupe Bingo, con unos portés correctos, con aromas de circo clásico y unas levantadas de lo más espectaculares, amén del generoso escote de Anastasia, nada infantil.  Justo antes del descanso comienza el montaje de la estructura más espectacular, la Rueda de la Muerte, un aparato poco visto en nuestro país y que tenía ganas de vivir en directo. Impresiona y mantiene en tensión al espectador giro tras giro, que no respira hasta que los dos artistas (Ismael Rouah Cutillas y Yeison Ordóñez) no se bajan de la estructura, puro circo, aunque en este caso fue una rueda algo descafeinada, quizá por estar malacostumbrado por los vídeos.


Tras el descanso tocaba el turno de Sergi Burka, el mago catalán es ya un viejo conocido del Price, habiendo actuado hace un par de veranos en un cabaret. Aquí trajo el mismo número de magia con rayos de luz que, aunque espectacular, no parece pegar mucho con la tónica del espectáculo entero (y menos sabiendo que en su lugar iba a haber venido una troupe de trapecistas). Después vino un número muy esperado por los malabaristas. No es otro que el número de mazas de luz con la Sinfonía nº25 en sol menor K.183 de Mozart, interpretada por los Gandini, una maravilla visual imprescindible. En esta ocasión era interpretada por malabaristas españoles: Jorge Silvestre "Silver", Daniel Sánchez, Josu Montón, Víctor García del Valle, Victor Garmendia y Raúl García. Es un número que exige una gran coordinación y que muchos elementos se junten para que salga bien. En el estreno alguna maza se apagó y deslució un poco, pero con el rodaje de los pases estos fallos se han solventado.

 Llegando al final, vuelve la Troupe Acrobática Nacional China, esta vez con un número de diábolos tradicional chino. Ataviadas con vistosos trajes y larguísimas plumas en la cabeza, los lanzamientos y saltos se hacen más espectaculares, sobre todo los tres diábolos por la espalda. Finaliza la obra con el triunfo de Ben, ya con la imaginación recuperada, que lo celebra junto a Javier Guerrero en un tremendo número de cama elástica, para dar paso, después, a todos los artistas que con una coreografía se despiden del público y reciben los aplausos más que merecidos.


Así, tenemos una obra con un argumento algo simple e infantil pero con un nivel de actuaciones bastante alto, perfecta excusa para ir al circo se tenga la edad que se tenga. Se disfruta igualmente. Estarán hasta el 6 de enero.




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