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viernes, 27 de septiembre de 2013

La gravedad perdida.


Un señor entra en una pequeña habitación de suelo rojo y paredes azules, pobremente iluminada por una pequeña bombilla. Es una habitación especial, donde ocurren cosas extrañas. Un cuarto donde la gravedad es caprichosa y las paredes, techo y suelo se confunden.


¿Y si el mundo en el que vives se vuelve de pronto del revés? ¿Cómo era el mundo “real"? Para Leo supone un mundo por descubrir, lleno de posibilidades y experimentos. Pero llega un momento en que ese mundo comienza a hacerse confuso y agobiante y aparece la necesidad de salir de allí.



LEO es un proyecto del estudio alemán Circle of Eleven (también implicados en el conocido show The Soap), interpretado por Tobias Wegner, dirigido por Daniel Brière y coreografiado por Juan Kruz Díaz de Garaio Esnaola, basándose en una idea del propio Wegner. Él, artista multidisciplinar, nos presenta su escena mientras simultáneamente se proyecta girada 90º en una pantalla a su izquierda. El efecto de esta idea tan simple es genial y está explotada con buen gusto y con la capacidad de sorprender según pasan los minutos. Cuando el show parece volverse repetitivo, aparecen una tiza, un saxofón y unas proyecciones sobre la imagen filmada que transporta a una nueva dimensión. El personaje, además, conecta inmediatamente con el espectador y hace que los 60 minutos dejen con ganas de más. Desde el primer momento uno se identifica con Leo, y experimenta en primera persona su incursión en esta extraña habitación girada. Sus saltos, sus acrobacias y verticales realizadas para que la imagen alterada parezca la "natural", sus expresiones, sus sutilezas cómicas y su transparencia te enlazan a Leo, y te hacen partícipe de su evolución en la obra.



Muy sugestivo de varias interpretaciones este mundo "acodado" y este personaje atrapado, o simplemente se disfruta como un espectáculo más plano, pero igualmente hipnótico; en el que por momentos dudas sobre cual es el mundo que cumple con las normas a las que estamos acostumbrados. Entendibles, por tanto, los premios en su estreno en el Festival de Edimburgo de 2011 y las excelentes críticas que está cosechando por todo el mundo. Es la belleza del mundo al revés, de un trabajo sencillo, muy cuidado y bien presentado.

No es habitual que introduzca la primera persona en las críticas, pero ha sido uno de los espectáculos que más he disfrutado en mi vida. Todo un placer verlo.



Extensión del artículo realizado para el número de verano de 2013 (nº 37) de la revista Zirkólika

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