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miércoles, 25 de septiembre de 2013

The Hotel, nuevo proyecto de circo

El pasado 21 de agosto tuvo lugar un estreno algo particular en Madrid: un nuevo espectáculo circense dirigido por Marta Gutiérrez, llamado The Hotel. Producido por Summum Music (Teatro Apolo), durante 12 funciones plantearon un formato que, por desgracia abunda poco en nuestro país. Los espectáculos circenses en los teatros aún son un rara avis, y menos si es de una iniciativa nacional. Sin partir de una compañía como tal, sino de un elenco en su mayoría español, acostumbrado a eventos de diverso tipo; con un presupuesto muy ajustado y con pocos días por delante han sacado este proyecto.


Ambientado en los hoteles americanos de los años 40, son los clientes los que comienzan con las actuaciones, para seguirlos de otras formas los propios dependientes, ya más sueltos. Cuidando bien la estética, con vestuario y mobiliario escasos pero eficaces, se suceden los números acrobáticos dentro de un argumento simple, pero eficaz como hilo conductor. Figuras ya "clásicas" como los botones enamorados de las clientas, con habilidades ocultas; las clientas seductoras y sensuales a las que espiar en sus alcobas; la limpiadora no correspondida o el recepcionista que intenta poner orden, son los pilares que sostienen el espectáculo.


Casi todos los artistas aparecen en varias ocasiones, haciendo gala de sus recursos. María Combarros es la primera clienta, que decide realizar un bonito ejercicio de contorsionismo nada más llegar a su habitación. De otra habitación, el dosel se transforma en tela para que Gema García Moresco ejecute su rutina. Miguel Ángel Guillén, el botones acróbata se luce primero sobre el portamaletas y, sobre todo, con el potente mano a mano con la susodicha Gema García. Katya Korneva destaca por su espectacular número de verticales, muy suave y fluído, aunque antes la pudimos disfrutar con sus hula hoops. Las tres acróbatas también ejecutan un vistoso número en una gran lámpara de araña, del que quizá uno espera más al verlo. La limpiadora es Raquel Carpio, con su correcto número de rueda alemana. El recepcionista es Ángel Sánchez, ex-gimnasta y actual miembro de Cirque Eloize, que ejecuta un gran número de straps y aparece un momento con la rueda Cyr.


Entre tanto acróbata está Jorge Silvestre, malabarista madrileño con amplio bagaje que ha readapatado (con acierto) su gran número de mazas a la música swing y al vestuario del espectáculo. Añadiendo además una vistosa rutina de bolas de rebote en un ascensor en movimiento. "Fui el último en llegar al proyecto y para mí fue un reto", comenta. "He tenido que adaptar el número de mazas y además crear la rutina del ascensor, algo nuevo para mí. Creo que queda mucho por desarrollar, pero estoy muy contento con el resultado y las posibilidades que tiene". Y remata entusiasmado: "estoy encantado con la experiencia, creo que he tenido mucha suerte entrando aquí".

Marta Gutiérrez, joven directora con un gran currículum a sus espaldas (eventos para Cirque du Soleil, Global Events y otras grandes marcas y restaurantes), se muestra satisfecha con el resultado de su "primera experiencia frente al gran público". Aunque también reconoce futuros cambios: "vamos a introducir algunas mejoras técnicas, tanto de efectos aéreos, como de iluminación y escenografía. Esta producción se ha hecho con muy muy poquitos medios económicos y esperamos poder mejorar el entorno en el que trabajan nuestros artistas para que su trabajo luzca lo mejor posible", asegura. La directora aprovecha también para criticar la situación cultural actual: "el teatro necesita como el aire que baje el IVA, no es un negocio nada rentable en este país con la situación que nos plantea el gobierno, lo que provoca que las compañías sólo queramos salir fuera, dónde se puede reconocer económicamente nuestro trabajo".


Aunque fuera un proyecto algo precipitado, el resultado fue notable y se agradecen estas iniciativas, en contra de la corriente de no acometer nuevas ideas. Espero que esto abra paso y se cree un circuito de espectáculos circenses en teatros, sería muy positivo para todos. Las 2000 entradas vendidas sin apenas promoción dan fe de que es el circo, bien hecho, es sostenible.




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