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sábado, 23 de noviembre de 2013

Bellos problemas. Entrevista a Eric Bates

Finaliza el entrenamiento y, todavía con la ropa de faena, aparece con una sonrisa por la cafetería del Price. Eric Bates (Vermont, EEUU) llama rápidamente la atención por su altura y constitución de atleta, porta una buena sonrisa y una camiseta de Circus Smirkus. En dos horas saldrá a escena con Les 7 Doigts de la Main en su espectáculo Séquence 8. Contesta a las preguntas con decisión, con su voz fuerte y directa, acompañando con movimientos de sus grandes manos. Está relajado y ríe a menudo, se le nota feliz con lo que hace.


Ya ha recibido entrevistas antes, eso se agradece. Algunas muy completas como aquella en El Circense que da una buena idea de sus inicios. Aún así él rememora esos momentos: “No recuerdo cuando aprendí a hacer malabares, debía ser muy pequeño (…). Tenía mucha suerte porque en verano pude ir a los campamentos que organizaba Circus Smirkus en Vermont, y por tener unos padres que siempre me apoyaron”. Es el comienzo de la historia de un joven que, enamorado del circo, inicia sus estudios en Bussiness en la Universidad de McGyll en Montreal, sabiendo que es una ciudad repleta de circo. La idea de esta carrera era acabar dirigiendo un circo “pero luego me di cuenta que lo que quería era actuar, es lo que había hecho toda la vida, en todos mis trabajos de verano”. En esa decisión influyeron shows como Rain de Cirque Eloize y Traces de Les 7 Doigts de la Main, “cuando vi ese nivel de técnica con esa conexión emocional, me dije que quería hacer eso”. Así, dejó la carrera en su segundo año y se inscribió en la Escuela Nacional de Circo de Montreal. “Aunque en un futuro me gustaría acabar la carrera, esos conocimientos me pueden resultar útiles si decido montar una compañía o un espectáculo”, aclara.

En ese momento comienzan tres años de formación, donde un joven deportista aficionado al ski, al ajedrez y al rugby se vuelca en el circo. Toda esa base atlética ayuda, sin duda, y sobre el rugby añade: “es cosa de mi padre, que nos aficionó, casi nadie lo practica en EEUU. Hace unos días conocí a unos jugadores de aquí de Madrid y estuve un rato jugando con ellos, muy divertido. Es un deporte con una gran comunidad, como el circo”. Y pone ejemplos: “en cualquier país que vamos [con el espectáculo] siempre hay gente que nos invita a su escuela o su encuentro, como aquí, que visitamos Carampa”.


En estos años de aprendizaje trabaja tremendamente la técnica, añadiendo habilidades como acróbata. “Me gustaría serlo de verdad, medir 20 cm menos y poder dar todas esas volteretas y saltos que hacen mis compañeros. Lo practico por diversión, como el breakdance, paso horas viendo vídeos de esta gente en Youtube, me encanta”. También pudo aprender a ser portor en la barra rusa, disciplina que practica junto a Alexandra Royer y Tristan Nielsen. “Comenzó como una práctica en tiempo libre de la escuela, como un entretenimiento (…) Es una disciplina clásica que no se deja ver mucho en el circo moderno, queremos ver si se puede evolucionar. Estamos probando darle movimiento, baile sobre la barra, cambios, carreras, cosas nuevas. Es duro, pero si lo haces bien no sufre la espalda, es peor ser el ágil, las articulaciones sufren mucho”, explica Bates. 


Es un afortunado, y él se siente así. Junto con otros siete compañeros de promoción, fue seleccionado por Les 7 Doigts de la Main para crear “Séquence 8”, un nuevo espectáculo. Un show de creación conjunta, bajo la mirada de los directores Shana Carroll y Sébastien Soldevila, el cual está funcionando tremendamente bien en sus más de 150 actuaciones. Es su espectáculo, donde se conjuga una grandísima técnica con acrobacias, danza y humor. “Trata sobre relaciones y momentos, de las conexiones entre personas y sus reacciones, pero menos concreto, expresado a través del circo, por eso es tan potente para el público”, comenta Bates. Y añade: “el humor es una buena forma de expresar cosas y conectar con el público. (…) además entre el llanto y la risa hay una fina línea, como si estuvieran en la misma zona del cuerpo, es una buena forma de contactar con esos sentimientos”.

Un gran espectáculo que le ha servido para crear un precioso número colaborativo de malabares con cajas de puros premiado en 34ª edición del Festival du Cirque de Demain, uno de los más prestigiosos del mundo. “Fue muy estresante, algo así como que te están juzgando, no estás ahí para entretener (…), el circo para mí no es para competir con otros, es más para compartir tu pasión y disfrute con el público” recuerda el artista. Al día siguiente actuaron para el famoso programa de televisión Le Plus Grand Cabaret du Monde, “fue muy sencillo en comparación”. Aunque él guarda una actuación muy especial: “Me acuerdo especialmente el estreno de Sèquence 8 en Lyon, en un coliseo con miles de espectadores, al final se pusieron todos en pie y entre aplausos nos tiraban los almohadones de los asientos en una gran lluvia, fue muy emocionante”, recuerda con una sonrisa.



Pero si Eric Bates ya era conocido en los foros de malabarismo era por su habilidad con las cajas de puros (o cigar boxes), una disciplina clásica que él ha dado una vuelta de tuerca, modernizándola. “Comencé porque casi nadie las practicaba, pensaba que en el resto de disciplinas estaba ya todo inventado, me parecía un buen sitio para investigar y crecer”, recuerda. Dominando ya los trucos clásicos a los 15 años, por lo que buscó en Internet vídeos, encontrándose con los japoneses. Es allí donde se gesta la revolución de las cigar boxes, donde están todos los grandes contemporáneos en la materia. “Ellos ofrecen continuidad, no vuelven al clásico patrón horizontal de tres cajas, si no que enlazan trucos y movimientos sin pasar por éste”. Él es un rara avis entre los occidentales, y es consciente de su toque personal diferente del oriental, aunque está entusiasmado con conocer a los malabaristas de cajas japoneses. “Aprendí más en una semana con ellos que en varios meses yo solo. Están entusiasmados, hay una gran comunidad con grandes ideas y entrenan muchísimo”, explica Bates, que confiesa una ilusión: “Estoy estudiando japonés en mi tiempo libre para poder ir allí en primavera. Quiero conocer a toda esa gente que está lanzando cosas y ser parte de ello”.

Así, este artista polifacético, que se considera antes que nada un malabarista de cajas de puros, comparte sus reflexiones y su historia: relajado y con sonrisas frecuentes. Al rato aparece en la mesa de al lado su compañero Tristan, al que saluda afectuosamente aunque se acaban de ver. La entrevista finaliza con la pregunta obligada.

¿Qué es para ti el malabarismo?
[sonríe, piensa un momento] ... Beautiful problems.
 


Para saber más:

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