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lunes, 24 de febrero de 2014

La curiosa entrevista al médico del Price en 1958, por Julio Penedo Iglesias

Sigo publicando entrevistas que realizó mi abuelo, Julio Penedo Iglesias, en los años 50 y 60 a artistas de circo de la época, publicadas en la extinta revista LARMA (folletín de los Laboratorios R. Malo de Molina). Si en la anterior entrega publiqué la entrevista a la gran Miss Mara, en esta ocasión os dejo con una curiosa entrevista al Dr. Jiménez Balgañón, médico del Circo Price por aquel entonces. Toda una ventana que permite asomarse al concepto de circo y medicina de la época. Espero que os guste.


EL DOCTOR JIMÉNEZ BALGAÑÓN, MÉDICO DEL CIRCO PRICE, HABLA PARA “LARMA”. 

En este año de 1958 cumple su primer centenario de existencia el Circo Price de Madrid. Con tal motivo, el Ayuntamiento y los empresarios preparan fiestas y homenajes para celebrar tal acontecimiento. Hablamos con el doctor don Francisco Jiménez Balgañón, el médico titular del Circo a quién el pasado año, el Circo Americano, le concedió la Medalla de Oro, la más alta recompensa circense.

 - Llevo veinticuatro años –nos dice el doctor- curando zarpazos, luxaciones, fracturas, conviviendo al lado de estos seres excepcionales.

- ¿Cómo consiguió esta plaza de médico en el Circo Price? - Se puede decir que fue por casualidad. Era médico de la Federación de Lucha y estaba presenciando una velada de catch, cuando un luchador francés, Pirné, sufrió una luxación de hombro. El médico que había entonces, que estaba de interino y llevaba poco tiempo, no supo atenderlo por no estar especializado en ello y me llamaron a mí. Luego me ofrecieron la plaza y aquí estoy desde el año 1934.

- Sabe, sobre todo, circo. Esto que parece una perogrullada no lo es. Antes de ocurra un accidente sabe que existe la posibilidad de que ocurra. - En algunos casos tengo la certeza de que ocurrirá y entonces me vengo al botiquín y preparo los utensilios necesarios. Le puedo citar el ejemplo de Antonio Salobral. Este artista tenía que hacer el “turbilón dental” que, como usted sabe, consiste en sujetarse con los dientes a una cuerda que a su vez sujeta otro artista que lo voltea hasta adquirir una posición horizontal. La fuerza centrífuga hace que la sangre se agolpe en los pies y en la cabeza y por este motivo es muy fácil que se rompan las débiles venillas de los ojos. Bueno, pues este artista, antes de salir, ya tenía los ojos ensangrentados. Yo le advertí que en esas condiciones no debería trabajar y él, a pesar de mis consejos, salió, pues era su debut en Madrid y ese día se decidía su carrera. Cuando lo vi subir por la escalerilla de cuerda me vine al botiquín y lo preparé todo. Lo asistí de conmoción cerebral, fractura de omóplato y costillas y pulmonía traumática. No volvió a hacer ese ejercicio, pero no abandonó el circo. Se casó con una artista irlandesa y ahora hace juegos malabares. Entre los gimnastas es muy frecuente la ruptura del tendón de Aquiles. Cuando éste se rompe se oye un chasquido muy fuerte y seco.



- ¿Su responsabilidad es equiparable a la del médico en una plaza de toros? - Sí, con la diferencia de que aquí no podemos intervenir al accidentado por carecer de quirófano.

- ¿Qué figuras del circo ha tratado usted? - A todas. Como le decía antes, me une a ellas una verdadera y sincera amistad. Hace unos días he recibido una carta de Pinito de Oro, que actualmente se encuentra en París, comunicándome el nacimiento de su primer hijo. Cuando el accidente de hace unos meses en Estocolmo ya estaba embaraza y, sin embargo, a la criatura no le pasó nada.

 - ¿El accidente más grave que ha asistido? - Uno de los más graves fue el que le dije antes de Antonio Salobral. Otro accidente grave, también por lo espectacular, fue el del domador Dola, producido por un zarpazo de la leona Tula. A éste hubo que darle catorce puntos. Sin embargo, los accidentes graves no son los más frecuentes. El frecuente es el pequeño accidente, el que no se ve y que consiste en arañazos de fieras, dislocamientos, pequeñas fracturas, torceduras, etc. Tenemos que andar continuamente con el suero antitetánico. Luego a que tener en cuenta a los espectadores y personal del circo. Por ejemplo, anoche se murió un espectador de trombosis coronaria. Son frecuentes los ataques en personas delicadas, producidos por la emoción del espectáculo.

- ¿El accidente más tonto? - Precisamente los accidentes más tontos son los más graves. Los números espectaculares casi nunca fracasan porque están muy ensayados y todos los movimientos están estudiados al milímetro. Por ejemplo, un accidente tonto fue el ocurrido hace poco a un payaso que salía andando en una escalera de mano. Se rompió un brazo y se fracturó una costilla.

-¿Ha tenido que hacer alguna vez de veterinario? - Sí. He hecho varias veces de veterinario y con mucho cariño. Aquí hay un veterinario fijo, pero no tiene como yo servicio permanente. Al chimpancé, por ser de constitución tan semejante a la del hombre, sus domadores prefieren que los asista un médico a un veterinario. Yo he asistido a varios y he podido comprobar que son más dóciles y menos impertinentes que muchas personas. A la célebre mona “Chita” la asistí a causa de una fístula traqueal. Ella misma cogía la sonda y la introducía por la boca, porque sabía que estábamos tratando de curarla.



 Hemos hablado con el doctor Jiménez Balgañón en el cuarto del botiquín del circo. Al ir a marcharnos llaman a la puerta y el doctor manda pasar a un hombre alto, rubio, joven y fuerte. - Espérese un momento y verá curar al domador- nos dice el doctor Jiménez. Hace catorce días que al domador Van Lingen, alemán, uno de sus leones le dio un zarpazo en Bruselas. El doctor le hace la cura. Es una herida en el muslo derecho, profunda. Al salir a la calle me acuerdo de la frase del doctor: “El artista de circo es un ser enteramente excepcional”. Y así es, señores.

Entrevista publicada en el NÚM 15. de la revista LARMA (23 DE NOVIEMBRE DE 1958).

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