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jueves, 31 de julio de 2014

"El circo es el único arte verdadero". Entrevista a Vasily Protsenko

Vasyl (o Vasily) acaba de evaluar a unos aspirantes a la escuela de Carampa del año que viene. Me recibe con un saludo rápido, poco expresivo, y nos dirigimos a los camerinos. En un ambiente íntimo, entre trajes y espejos, Vasily se va encontrando más cómodo. Habla con un marcado acento del Este, conjugando de forma particular los tiempos pretéritos. Es directo, con tono firme, mueve las manos y mira fijamente, reclamando la atención a su discurso contactando físicamente con el interlocutor. Así rememora sus inicios y su formación circense en la URSS, habla de viajes, de su llegada a España, de Carampa... En definitiva, habla de circo, su vida.

Los primeros años
Vasily nació un 24 de febrero de 1959 en la pequeña ciudad de Yalta (Crimea, antigua URSS, hoy día recién anexionada a Rusia tras 22 años de pertenencia al territorio ucraniano). Pasó una buena infancia y ya en el instituto se dio cuenta que había ciertas materias que no eran lo suyo. “hay gente buena, muy buena y estúpidos, yo soy de los terceros. Me gustaba el deporte, el arte, la música, la geografía y la historia, para el resto había que concentrarse mucho”, resume Vasily.

En su ciudad había una carpa que durante los veranos acogía actuaciones circenses, cosa que la convertía en un gran atractivo para los adolescentes del lugar. Fascinados por los acróbatas y payasos, Vasily y un amigo fueron un Club de Circo formado en la Casa de la Cultura de Yalta. Allí daban clases artistas jubilados del gran Circo de Moscú, como los profesores Anatoly Mitrofanov y Raisa Dulierova. “Con 13 años comenzamos los primeros pasos con nivel profesional, partiendo siempre desde afianzar los conceptos básicos: postura, movimientos, equilibrio, etc”.

Vasily (con boina) posando junto a sus primeros profesores.
Club de Circo. Yalta, 1981

Así inició su aprendizaje en acrobacia, clown, malabares, danza, verticales y trapecio. Formaron una compañía que giraba con un espectáculo por la URSS. “Alcanzamos un gran nivel, viajábamos mucho”. Un verano pasaron nuevamente los artistas del Circo de Moscú por Yalta, y su profesor le dijo a Vasily que tenía que ser ambicioso y solicitar entrada a la Escuela. “Tenía muchas ganas, pero también me recomendó que esperase a hacer el Servicio Militar”. Aún así hizo las pruebas a los 17 años, pero fue rechazado. A los 18 fue destinado a la marina durante tres años, donde también pudo seguir actuando puntualmente.

Vasily, en equilibrio, en el Club de Circo.
Yalta, 1981.

A su vuelta a Yalta volvió al Club de Circo. “Volví a hacer las pruebas para Moscú, pero fracasé por segunda vez”. Así que se quedó en casa, vinculado al Club de Circo, pero trabajando como albañil, en el mantenimiento y los decorados de unos estudios de cine. “Ya por tercera vez intenté ingresar en la escuela en 1982. Tenía 23 años y no me admitieron porque decían que había pasado la edad máxima para cualquier disciplina, 22 años”, recuerda Vasily.

Tras una protesta y hablar con un profesor consiguió mostrar sus habilidades y ser admitido. De los cuatro años de formación, pudo hacer los dos últimos, pero examinándose de las asignaturas de primero y segundo también. “Fueron dos años muy duros, básicamente dormía en la pista y comía un bocadillo entre clase y clase”, aclara Protsenko. Durante ese tiempo, además de los conceptos básicos de las artes circenses, aprendió también variedades como claqué, pantomima, danza y a tocar el trombón. 

Vasily (derecha) en una actuación en la
Escuela de Circo de Moscú. 1982-84

“Con un compañero monté un número final de payasos y acróbatas, lo presentamos ante un jurado muy serio, que consistía en 25 autoridades políticas”. Eran años donde el circo era un arte mayor en la Unión Soviética, algo tomado muy en serio. Vasily lo explica: “estaba muy bien considerado el circo soviético en la sociedad. Había 84 circos estables en la URSS entonces, y en verano 30 más. Era una fábrica de artistas, y nos trataban muy bien. En las giras teníamos hotel para los artistas y acompañantes”. Y trata de hacer ver lo grande que era entonces el circo y esa escuela. “Era una fábrica. En Rusia había una lista enorme de artistas que no puedes imaginar, de gran nivel. Yo tuve profesores que salían en los libros de historia del circo”.

Pasaron los exámenes y en 1984 se gradúa en la Escuela Estatal de Artes Circences y Variedades de Moscú, como acróbata excéntrico y payaso. Ese mismo año ingresan en la Compañía Estatal de Circo de Moscú, con quienes trabajaría hasta 1995.

Vasily (izquierda) posando antes de su número final en la
Escuela de Circo de Moscú. 1984

Vasily (en el aire) durante el número de graduación. 1984

Con la compañía viajó por todo el mundo: Rusia, Australia, Venezuela, Paraguay, Chile, Puerto Rico, Portugal... Siempre con su número de payasos y acróbatas excéntricos, primero con un compañero y después con su mujer, Larisa. Era parte del equipo de creación de los números y uno de los principales payasos. Incluso llegó a tener un número de trapecio cómico vestido de mujer, pero tras dos caídas en el 87 y 88, se lesionó la columna cervical y decidió dejarlo y dedicarse al resto de actuaciones.

Vasily (abajo), durante una actuación en
Australia. 1993

Su llegada a España
”Cuando estábamos en Lisboa, en 1994, contactó con nosotros el Gran Circo Mundial a través de un agente, pedían payasos”. Así que Vasily fue con su mujer, Larisa, también de Yalta y con la que tenía un dúo de payasos, y fueron a Madrid durante un mes a hacer las pruebas. Mostraron su número, en el que también ofrecían malabares, equilibrios, monociclo, instrumentos musicales, etc; así que Jose María González les ofreció un contrato por un año. “Firmamos inmediatamente, ya no estaba tan a gusto en el Circo de Moscú. Se notó mucho la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS. El circo y la cultura bajaron mucho, fue un desastre para todo el arte, la corrupción llegó a todas partes”, explica Vasily. “Además, Crimea pasó a ser ucraniana y yo adquirí esa nacionalidad, por lo que se complicaban los trámites para renovar mis contratos con el Circo de Moscú”. 

Vasily y Larisa durante una actuación en el
Gran Circo Mundial. 1995

Así llegaron Vasily y Larisa Protsenko por primera vez a España, con el Gran Circo Mundial, el único de aquella época con capacidad para contratar extranjeros de nivel. “Hacíamos entradas entre actos, para nosotros fue algo diferente, ya que nunca sabías cuánto tiempo tenías que estar en pista en cada entrada. Se nos daba bien y creo que gustábamos al público”, recuerda. También se extrañaba de las costumbres españolas, como la siesta. “Hubo cierto choque cultural y culinario. A mí me sorprendía mucho que la gente durmiera la siesta y que de tres a cinco no pudiera ensayar porque hacía ruido”.

Pero no todo fueron buenas experiencias. “No estábamos a gusto con algunos de los ayudantes del director del Mundial, trataban a la gente mal. Con González no hubo problemas, pero durante la gira con el Mundial yo aún no tenía el permiso de trabajo en mi poder, se lo habían quedado ellos. No podía demostrar que residía legalmente en España”. Se queja Vasily. Pero la historia tuvo un buen final: “conseguimos el contacto del Departamento de Extranjería, justo el día que acababa nuestro contrato y regularizamos nuestra situación. Tras acabar con el papeleo, como nos habíamos ido sin avisar, uno de los ayudantes estaba intentando sacar por la fuerza nuestra caravana del Circo, gritándonos”, recuerda ahora entre risas el artista.

Vasily y Larisa junto a unos niños en la primera carpa de Carampa.
Madrid, 1996

Durante su estancia en el Mundial habían hecho amistad con el malabarista Rafael de Carlos, por aquel entonces habitual de una joven Carampa (la carpa de circo de la Asociación de Malabaristas). Junto a él llegaron al recinto, a pedir un sitio para poner la caravana mientras buscaban nuevos contratos en otros circos. “Como pasaban las semanas y nos aburríamos empezamos a ayudar en el mantenimiento de la carpa, y a los pocos meses nos ofrecieron contrato para un curso con niños, así que nos quedamos hasta el día de hoy”. Actualmente sigue actuando ocasionalmente con su mujer, Larisa, con su dúo de clown clásico bajo el nombre Duo Vasilis, escuela de circo de Moscú, tarea que compagina con sus clases en Carampa.

Ser profesor
Vasily ya había comenzado a dar clases casi desde sus inicios como artista de circo. Ya en el Club de Circo ayudaba en el aprendizaje de los nuevos alumnos. Tras formarse en la Escuela de Circo de Moscú, adquirió una base muy completa en muchas disciplinas, sobre todo las clásicas. Actualmente es profesor de verticales, equilibrios y clown en la Escuela de Circo Carampa (Madrid), siempre siguiendo las directrices de la rígida escuela soviética. “Para mí los alumnos son mi proyecto vital, así mi experiencia se perpetúa, pero hay que construir la casa desde los cimientos, y edificarla con mucho trabajo hasta llegar al tejado”.

El circo en la actualidad
“Cada vez hay más interés por el circo en España, hay más nivel, más preparación y más competitividad, es una buena noticia”. Aunque para Vasily hay un gran pero: “el arte sin ayuda del gobierno es muy complicado de desarrollar, si queremos mantener el nivel necesitamos esas ayudas, y con la crisis es todo cada vez más difícil”. 

Vasily y Larisa durante una actuación en Madrid. 1998

Se muestra rotundo cuando se saca a la luz el tema del circo contemporáneo. “El circo moderno no existe, la palabra circo lo engloba todo. ¿Es el Soleil un circo moderno? No, es el circo clásico pero con otros trajes. Guy Laliberté es muy listo, quitó los animales no por el tema de derechos, sino porque moverlos es caro y complejo”. Incluso se muestra crítico con la corriente más teatral, “es muy fácil decir que eres circo contemporáneo porque actúas en vaqueros y la camiseta de la tienda de la esquina, el circo es arte, no la vida cotidiana”.


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Foto de final de curso de los alumnos de la promoción de la Escuela de Circo de Moscú. 1984.

Poco dado al trato cercano de primeras, con su estilo soviético ha conseguido ganarse el respeto de todos los que pasan por Carampa, siendo apreciado como un gran profesor, muy versátil, y un magnífico payaso. Apasionado seguidor del payaso Grock, al que considera el número uno, Vasily tiene muy claro qué es ese circo alrededor del cual gira su vida: “Es un arte, uno muy grande, el único verdadero. Un payaso no puede mentir, un equilibrista no puede equivocarse. El circo es la pista, donde hay que hacerse ver por el público, donde uno no puede esconderse”.

Gracias a los Protsenko por las fotografías

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