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viernes, 13 de noviembre de 2015

Historia y arquitectura del Price, por Flor Arango

Itinerante, es el primer adjetivo que rebota en nuestras mentes cuando pensamos en arquitectura circense contemporánea. Envolventes dinámicas de carácter temporal que brotan de forma libre y espontanea. Espacios palpitantes habitados a ratos cuya esencia misma versa sobre su fugacidad y su ulterior auto consumación; una vez cumplida su mirifica función se extinguen sólo por momentos para posteriormente volver a emerger. Son volúmenes que responden entre otras, a una de las soluciones arquitectónicas más primigenias: reunir.

Se trata de una arquitectura efímera, que pese a su carácter circunstancial, ha sido siempre una arquitectura relevante y recurrente. Es durante el Renacimiento y especialmente el Barroco cuando la arquitectura de carácter temporal y las construcciones con materiales maleables alcanzan su periodo de madurez. Estructuras livianas y edificaciones provisionales se erigen inmersas en el auge de las artes figurativas y otras artes efímeras como la música, la danza o el teatro. Lo rápido e improvisado se superpone a lo dificultoso, lo lento y lo costoso de tal forma que el trampantojo y los grandes montajes de escenografías y fastuosos decorados suplantan a lo real y enmascaran frágiles obras pasajeras destinadas a desaparecer tan pronto hubiesen cumplido su función.

En lo efímero, cada época ha materializado su idea de celebración empleando las técnicas y materiales disponibles del momento. Así, en la segunda mitad del siglo XVIII se generalizaron los circos de madera desmontables y a principios del siglo XIX se iniciaron las construcciones con lonas sostenidas por mástiles. Éstas, en un principio eran una simple carpa sostenida con un mástil central, sin embargo, se llegaron a hacer de hasta tres pistas circulares, multiplicándose el número de mástiles a la vez que aparecía el faldón perimetral de las lonas.



Hoy lo efímero sigue proyectando estas funciones lúdicas y experimentales que se generan a partir de las nuevas dinámicas de la sociedad postindustrial. Contemplan el cambio, el movimiento, la fugacidad y la mutabilidad y abren el dialogo entre el espacio público y la participación social. Se orientan no necesariamente a lo duradero, sino más bien al tránsito en el tiempo, el funcionar, el no molestar, el agradar, el simplemente estar, hasta acabar.

El circo es la ingeniería de lo móvil, se desplaza, cambia de forma y renace en diferentes fragmentos del tejido urbano el cual es en cambio, un esqueleto fijo, preciso y delimitado. Por definición pudiesen parecer dos conceptos antagónicos, sin embargo arquitectura y circo se intersecan también para generar espacios permanentes inscritos dentro de la estructura urbana. En España se construyeron numerosos Teatros Circo durante las dos últimas décadas del siglo XIX, convirtiéndose el Teatro Circo Price de 1880 en un referente tipológico para muchos de los que se levantaron en el país.

La peculiar historia del actual Teatro Circo Price cuya vida, paradójicamente, se dibuja como itinerante, se remonta a mediados del Siglo XIX cuando Thomas Price, acróbata y domador de caballos, adquiere un terreno en el Paseo de Recoletos (espacio que hoy ocupa el Palacio de la duquesa de Medina de las Torres, actual sede de la Fundación Mapfre) y monta una sencilla estructura para ofrecer espectáculos de caballos y acrobacias.

El apogeo de las artes circenses en esa época y la amplia oferta lúdica y cultural de la ciudad condujeron al irlandés a aventurarse en 1868 con la edificación del primer Circo de Price, proyecto del arquitecto Pedro Vidal. El resultado, inspirado en el Circo de Invierno de París, fue un edificio de estilo clasicista (ver imagen 1), de planta octogonal construido en su mayor parte de madera. Destacan los pilares dóricos (1) adjuntos a cada una de las aristas del volumen principal de tal forma que se crea la sensación de espacio circular, abarcando el máximo de superficie con el mínimo perímetro. Vanos mezaninos cuadrangulares (2) se disponen ordenadamente alrededor de toda la fachada del volumen que envuelve la pista circular de aproximadamente 13 metros de diámetro y que a su vez, sostiene una cubierta piramidal (3) rematada con una linterna (4). La circulación en el interior del edificio se solucionó con corredores circulares y el acceso a las gradas por vomitorios (5). Al volumen principal además, se añade otro en la parte posterior destinado a albergar los camerinos para actores y las cuadras.

Imagen 1. Primer Circo Price (1868). Click para ampliar

El éxito de este circo fue tal que 10 años después se comienza un segundo proyecto, esta vez sobre el papel del arquitecto Agustín Ortiz de Villajos. La piel del Price se traslada a la Plaza del Rey (actual localización del Ministerio de Cultura) y en 1880 se inaugura con un increíble cartel de artistas, un edificio de planta octogonal y estructura de hierro forjado (ver imagen 2). Resalta su elegante fachada principal construida en ladrillo y granito, de estilo neomudéjar-plateresco con elementos arquitectónicos característicos de la arquitectura festiva española de finales del siglo XIX y principios del XX, el ajimez (6), los arcos de herradura (7), el arco túmido (8) o los medallones con caballos en relieve (9). La cubierta de teja y hierro cobija la pista central de aproximadamente 14 metros de diámetro y las localidades distribuidas alrededor de esta en dos pisos. El edificio conserva el nombre de su fundador, Price, aunque también se le conocía en la época como el Circo de Parish. En múltiples ocasiones se usará también como cine y teatro por lo que también se le conocerá como el Teatro Circo Price.

Imagen 2. Segundo Circo Price (1880). Click para ampliar

El declive de la actividad de este edificio se producirá con el comienzo de la Guerra Civil que provocará importantes daños durante los bombardeos en el asedio a Madrid. A pesar de ello, se reconstruye y reabre sus puertas tras la guerra, sin embargo breve es su último momento de esplendor previo a su clausura definitiva y demolición en 1969.

 

Han de pasar entonces más de 30 años para que el Teatro Circo Price se reinvente una vez más y abra un nuevo capítulo en la historia de las artes escénicas en Madrid. Se emprende así en el año de 1999 el proyecto del actual Teatro Circo Price diseñado por el arquitecto Mariano Bayó, en esta ocasión situado en el abandonado edificio de la Fábrica de Galletas Pacisa, en la Ronda de Atocha. El conjunto, inaugurado a finales del 2006, está formado por seis edificios: el edificio de acceso principal que acoge las taquillas, tienda, cafetería y salas de exposiciones; el edificio circular que envuelve la pista, el edificio de trasescena, el edificio administrativo que incluye el aparcamiento y el área de carga y descarga y finalmente el edificio de oficios, talleres y zona preparatoria del circo (ver imagen 3).

La fachada que observamos desde Ronda de Atocha data de principios del siglo XIX y se corresponde con la fachada restaurada de la antigua fábrica de galletas, una construcción influida en parte por la arquitectura ferroviaria de la época, levantada en ladrillo y de estilo ecléctico con elementos clásicos y neomudéjares.

El principal elemento del complejo es el tambor (10), que actúa como eje regidor de los diferentes espacios que le rodean. El muro vítreo que cierra el cilindro se proyectó como elemento sugerente con el fin de que su presencia suscitará la curiosidad por lo que bulle en el interior. Los colores iridiscentes y metalizados de los mosaicos de vidrio de murano (11) provocan junto con el juego de luz natural una metáfora estética, creando destellos, reflejos y sorpresas tan llamativas como las lentejuelas mismas de las distintas vestimentas de los actores. 

Imagen 3. Tercer Circo Price (2006). Click para ampliar


Hoy el Price es sin duda un ejemplo de vitalidad donde se conjugan la arquitectura y el circo, lo fijo y lo móvil, lo urbano y lo extra urbano. Es un espacio que a la vez, constituye un importante emisor de datos que nos muestran significados dispersos y complejos sobre nuestra manera de habitar el mundo; y en tiempos de veloz evolución donde no hay cabida para la sedimentación de ideas, resulta casi inevitable echar a volar la imaginación y cuestionarse… ¿cómo será dentro de 300 ó 500 años, el artefacto, la mixtura entre tecnología y arquitectura que se ponga al servicio del circo y dé continuidad a la fascinante tradición circense que encierra Madrid?



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