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miércoles, 20 de enero de 2016

El hogar y los recuerdos

Paco Roca lo ha vuelto a hacer. Ha creado otra gran obra. Por estos lares ya se ha escrito en varias ocasiones de Roca. Lo confieso, me encanta su trabajo y su forma de contar historias, tanto las dramáticamente cotidianas (como hizo en Arrugas) o las revisiones históricas de temas olvidados, dando cara a sus protagonistas (como en Los Surcos del Azar). Desde que diera su salto a la primera línea del cómic nacional en 2007, Paco Roca mantiene un excelente ritmo de producción, sin que la calidad de sus trabajos merme, algo que es digno de alabanza.




En diciembre de 2015 salió a la luz La Casa (editorial Astiberri), un proyecto que comenzó a fraguarse en 2014, huyendo del trabajo exhaustivo que requirió Los Surcos del Azar. Editado en un formato apaisado que recuerda a viejos cómics y que invita al reposo y al sosiego. La novela está escrita desde el sentimiento, desde los recuerdos y desde el intento de comprensión a un padre ausente.

La casa es la segunda vivienda en el campo de una familia de clase media de levante. Tras la muerte del padre queda abandonada hasta que los hijos deciden arreglarla para venderla. Es ahí donde cada objeto de la casa desempolva un recuerdo y hace rememorar tiempos pasados, tiempos de familia y de veranos. Una casa levantada con el esfuerzo continuo de un padre austero y trabajador, que obligaba a los hijos a colaborar en esas tareas, cosa que ellos odiaban. Es al volver a visitar la casa cuando comienzan a comprender a su padre, cada uno a su manera.

Detrás de esa consecución de recuerdos, existe un camino personal de cada hijo, un intento de reconciliación con un padre serio y del que se dan cuenta que apenas saben nada. Es la propia casa la que une a todos y a través de sus reparaciones la que hace aflorar los sentimientos y las opiniones de cada uno. Las sensaciones cruzadas, enfrentando la racionalidad de una venta prevista, con la idea de conservar esa casa entre todos, como símbolo.



El cómic huele a verano y suena a silencio, a la tranquilidad estival de estas casas de campo algo apartadas. Colores cálidos que cobran importancia en los recuerdos y que realzan en los sentimientos de las viñetas. Todo reglado por la atractiva línea de dibujo de Roca, que ya es identificable a lo lejos.

Es, al fin y al cabo, el homenaje que hace Paco Roca a su padre tras su muerte, un lucha por comprerle y reconciliarse con él en la que nos implica a todos y que desborda sentimientos y nostalgia. Otra obra imprescindible que lleva la firma del gran dibujante español del momento.




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