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miércoles, 15 de junio de 2016

"El diábolo es como un puzzle". Entrevista a Jacob Sharpe

Un diábolo comienza a bailar sobre una cuerda mientras comienza a sonar Jasmine de Jai Paul. Lo mueve un hombre con una peculiar vestimenta deportiva, varias tallas más de lo que le correspondería, coderas a juego con las zapatillas rojas y una barba también XL. Es Jacob Sharpe, una referencia en cuanto a diábolo se refiere, y está realizando su número en solitario en la Gala Internacional de Circo del EUCIMA el pasado abril.

Sharpe en el EUCIMA 2016. Foto: Mai Ibargüen



Sharpe es un tipo sorprendente, de primeras uno podría pensar que está ante un genio excéntrico, de ideas desordenadas; quizá por su poblada y descuidada barba, o por su tendencia a girar los ojos hacia los lados cuando piensa la respuesta a las preguntas. Nada más lejos de la realidad, la de Sharpe es una cabeza muy bien puesta, con los objetivos muy claros desde hace años.

Inicios y formación.
Jacob Sharpe nació en Canton, Massachusetts (EEUU) en 1989, en el seno de una familia de clase media a la que un día llegó el circo. "Mi padre es profesor en la escuela de negocios de Harvard, un tipo serio, pero que aprendió malabares en la universidad y que cuando éramos pequeños hacia pequeñas actuaciones en nuestra guardería y cosas así". Esto hizo que a los 10 años Jacob fuera con su hermano mayor, Nate, a un campamento de circo llamado Circus Smirkus, con el que durante varios años harían giras locales (como se ve en este vídeo de 2006). Ahí nació la pasión por el circo de estos hermanos, que derivó en una de las parejas de diábolo más influyentes en los primeros años de Youtube. "Primero teníamos el libro de Mr. Babache, después los de Donald Grant y un profesor que había en Smirkus, luego ya llegó el vídeo de Mad French Posse y nos obsesionamos en sacarnos todos esos trucos, eran una locura", recuerda Sharpe y explica su preferencia por este malabar: "del diábolo me gustó que tenía menos reglas que los otros malabares, quizá es como un puzzle que tienes que construir". En este vídeo de 2005 se puede ver la soltura con el diábolo de estos hermanos.



De ahí salió un dúo de hermanos, los Sharpe, que revolucionarían el diábolo. Giras internacionales, vídeos que se convirtieron en referentes y passing, mucho passing de diábolo, hasta tal punto que varios de sus récords siguen vigentes. "En cierto modo sí que éramos conscientes de que estábamos haciendo algo grande, era guay", recuerda Jacob. En 2008 llegaron a ganar una medalla en el campeonato de la IJA (International Jugglers Association) y el años previo a participar en el Festival Cirque de Demain de París. Todo eso en una época en la que Nate ya estudiaba ingeniería mecánica en la prestigiosa y exigente universidad MIT y además formaba parte de su equipo de atletismo. Jacob siguió el mismo camino y cursó Físicas en la misma universidad. "Yo tenía claro que quería dedicarme al circo, pero cursé la universidad un poco por inercia, por la presión de que si has sido un buen estudiante tienes que ir a la facultad, era sinónimo de éxito. Ahora no me importa mucho ese título, pero en su momento me hizo sentir orgulloso y era una forma de decir a la gente 'hago circo porque quiero'". Y consiguió compaginar los estudios con ese objetivo, ser artista de circo.



Carrera en solitario.
"En el verano de 2011 ya dejamos de actuar juntos, aunque hasta 2013 hicimos alguna actuación esporádica. Yo comencé a trabajar solo [participó en Loft, de los 7 Dedos de la Mano] y mi hermano se quedó en Boston con su familia, trabajando como ingeniero y era difícil mantener el dúo" recuerda Sharpe. "Volví a entrenar otros malabares e incluso probé a actuar como monologuista". Es el momento de Pink Shorts, un vídeo donde, sin haber tenido nadie noticias de sus habilidades con las bolas, sacó un repertorio de una calidad y originalidad espectaculares. "Fue un vídeo que me hizo muy popular en Europa y me abrió muchas puertas para conocer a gente y actuar por aquí, había entrenado duro dos años para conseguir ese nivel".



Actualmente Sharpe vive entre Suecia y EEUU. "He estado entrenando en Estocolmo, con el director Olle Strandberg. Mi idea es mejorar en aspectos en los que no entreno tanto y así poder consolidar mi técnica para, en un futuro cercano, intentar ser parte de las nuevas creaciones de Cirkus Cirkör con las que trabajará este director". Ya había trabajado en Europa una temporada, en el Circus Monti, de Suiza "una gran experiencia, a veces agotadora, pero para mí muy satifactoria porque eran todos muy profesionales y yo hacía hasta tres actuaciones distintas". También participó en solitario de nuevo en el Cirque de Demain de 2015, aunque con peor suerte. Parece muy asentado en Europa, y él lo explica: "me gusta cómo se perciben las artes aquí, la vida en general, como más en la tierra; en EEUU hay mucha tradición de circo de calle, pero al volver allí me di cuenta que quería volver a los escenarios, a actuar en Europa".

Y así, con la idea fija de actuar en Europa, entrena a diario, hasta 4-5 horas, distintas disciplinas como mazas, bolas, acrobacias o portes "he ahorrado dinero suficiente como para vivir sin actuar una temporada, ahora lo que tengo que hacer es mejorar la técnica". Mientras tanto seguirá devorando libros y probando a escribir pequeños relatos, sus únicos hobbies. "Yo espero entrar en Cirkus Cirkör, creo que tengo posibilidades", dice con naturalidad, sin estrés, sabedor de que lo bueno vendrá después y todo ese esfuerzo habrá merecido la pena, como todos los que ha hecho en su vida.



En su número, los diábolos van creciendo sobre la cuerda, primero uno, luego dos, después un tercero.... bailan al son pesado de la música, moviéndose también con lentitud. Es un número sin adornos, puro malabar, ejecutado con esa seguridad técnica que consigue hacer fácil lo difícil. El cierre también es a lo grande, cuatro diábolos. Cuando el público ya se ha puesto en pie para aplaudir, Sharpe vuelve a lanzar los cuatro al aire para hacer una pirueta antes de recogerlos todos. Puro circo en una cabeza con las cosas muy claras.

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