domingo, 14 de septiembre de 2014

El fallo

Existe un elemento fundamental en el malabarismo, aunque no nos guste: el fallo. El fallo está ahí, acechando, por mucho que uno trate de evitarlo, éste acaba encontrando su hueco y asoma la cabeza

¿Y qué es el fallo? Cuando un elemento que uno está manipulando no hace lo que estaba planeado y, normalmente, cae al suelo, creando un punto de ruptura con lo visto hasta el momento. Las artes circenses son algo orientado principalmente de cara a un potencial público. Uno muestra habilidades extraordinarias, hasta que se crea una magia muy especial. El malabarismo es probable que sea el arte circense menos agradecido. Conlleva las mismas horas de entrenamiento que las demás, pero durante la actuación las probabilidades de fallo se elevan a un grado exponencial. Cada lanzamiento y cada recogida está amenazada por el error. Un error que cambia completamente el foco de la actuación, que rompe, que despista.




¿Cómo se evita? Bien, esta pregunta es fácil. Entrenando. Ni más ni menos, así de fácil y de difícil. Practicando una y otra vez los movimientos, los lanzamientos, los trucos. Automatizando. Agachándose una y mil veces, pues ya se sabe que el malabarista mira más tiempo al suelo que al cielo. Dominando los nervios.

¿Cómo se resuelve? Para esto hay muchas versiones. Una vez se produce el fallo, hay que tener varias cosas en mente. La primera es dónde está uno. Es decir, si uno está entrenando, la respuesta es fácil, me agacho, pienso por qué he fallado y sigo lanzando cosas. Si estoy en escena la cosa cambia. ¿Tiene mi número un personaje? ¿Voy acoplado a la música? ¿Hago un número cómico? ¿Estoy en sala o calle? De todo esto depende cómo saldré del fallo. Uno debe ser consciente de qué estado viene en la rutina y a dónde va. 


Cada uno tiene que probar y ver con cuál solución se encuentra más cómodo y recibe mejor respuesta. Hay quien prefiere recoger del suelo el objeto y seguir como si nada hubiera pasado. Otros prefieren utilizar su personaje para recoger el objeto realizando movimientos similares a los previos (tipo danza o teatralidad). Los hay que aprovechan para hacer alguna broma o chascarrillo y relajar el ambiente (“es que así el truco parece más difícil”). Hay incluso páginas donde te dan varias de estas soluciones para que puedas ponerlas en práctica (ver abajo). Desde luego no parece buena idea poner malas caras en escena, lamentarse, o recoger los objetos con demasiada prisa, porque el daño ya está hecho. Eso transmite una inseguridad al público que hace que también lo pase mal y no disfrute del número.


Pero...¿Importa el fallo? Buenísima pregunta. El eje de todo. Tendemos a ignorar que el fallo existe. Como dijo Sean Gandini en esta entrevista: "El fallo es una parte muy grande del malabarismo, lo curioso es que se hace como si no existiera. Es como la muerte, estamos seguros de que vamos a morir, pero vivimos sin pensarlo, como si no fuera verdad". Todos los vídeos de Youtube de malabares dan fe de esta frase, ahí no se caen los objetos, todos son unos máquinas. Pero el fallo está ahí, esperando su momento, mirándonos de cerca. Viendo cuál es el momento para romper esa arquitectura aérea construida con tanto esfuerzo, bajando a la tierra esa ilusión que desafia la gravedad.

Es muy raro encontrarse con una actuación sin errores, son casi anecdóticas y como tales se recuerdan. Ése es quizá el punto clave, el recuerdo. Los fallos quedan en la memoria, se graban al son del gran "oohhh" que generan al verlos. Por muy complejo o espectacular que sea el número, todos, malabaristas y profanos, recuerdan los fallos tras el espectáculo. Y eso que se es muy permisivo con el fallo. No extraña una rutina con 10-12 errores. Además, se aplaude tras cada uno, es una costumbre. No se sabe si son aplausos de ánimo o de lástima, pero normalmente no son muy bien recibidos por el que actúa (aunque irá en gustos). Es el fino equilibrio entre algún fallo y un completo desastre donde artista y público están deseando que termine.



Ahora bien, ¿hay que evitar ese fallo? Un truco difícil que se consigue "a la tercera" recibe una ovación en pie, ya que se ha ensalzado la dificultad. Incluso la compañía Gandini Juggling, en su espectáculo Smashed utiliza el fallo continuamente, aunque no todo el público lo recibe bien. Algunos malabaristas contemporáneos se abrazan a la "extrañeza" o "modernidad" de su número para que los errores sean mejor aceptados, aunque a veces sea una forma de disfrazar la falta de técnica. Esto cambia por escuelas. En la disciplina rusa, por ejemplo, el fallo no se concibe, no existe, y la única solución es entrenar llevando la técnica a techos altísimos. Los clásicos como Rastelli, Brunn, Kremo, Gatto, Kiss y compañía tampoco fallaban, era impensable. Otros, como Steve "Thegoheads", los utiliza para crear nuevos trucos de una forma bastante vistosa.



Es, por tanto, el fallo, parte de los malabares, nos guste o no. El motor del progreso, lo que hace agacharse para intentarlo de nuevo. Aquél que, en su ausencia, aumenta la dificultad y la belleza de la rutina. Algo a tener en cuenta, que hay que valorar, observar, estudiar y manejar. Ignorándolo no desaparecerá.

 Webs que hablan del fallo:


miércoles, 3 de septiembre de 2014

Concertino, la risa como motor

Cualquiera que haya ido a una EJC (European Juggling Convention) reconocería inmediatamente la risa de Concertino. Es una carcajada sonora, alta, aguda, larga y rotunda, procedente de la oronda y colorida figura de este barbudo alemán.



Concertino es una suerte de versión hippie de Santa Claus. Como si el traje rojo lo hubiera cambiado por un mono hecho de retales multicolor, adornado con sombreros de tela anchos, con aún más colores. La sonrisa y la carcajada, su carcajada, también son parte de su atuendo. Su pequeño acordeón, llamado concertina, tiene más de cien años y siempre viaja con él. Le permite cantar canciones que invitan a unirse y acabar sonriendo tanto como él.

Él apenas hace malabares, pero se las apaña para estar en todas partes de la convención. Mira con ojos bien abiertos cualquier espectáculo, para después romper a aplaudir y reír con entusiasmo. Habla con todo el mundo, escucha con atención y da talleres de risoterapia. También se le puede ver bailando a altas horas de la madrugada o tumbado en su hamaca a la sombra de un árbol.



Pero Concertino no ha sido siempre Concertino. Hubo un tiempo en que era un estresado alemán de mediana edad diseñador informático. Tenía problemas de salud debidos al estrés, y llegó a ponerse muy enfermo, recomendándole los médicos que rebajara el nivel de estrés. Ése fue el momento clave, decidió que así no podía seguir. Comenzó a tocar la concertina y aprendió a hacer malabares. Pensó en las cosas que le gustaba hacer.


Sucedió que en esa transición acabó en la EJC de Karlsruhe, en el año 2000. Maravillado por la explosión de color, creatividad y cultura del compartir, decidió que eso es lo que quería hacer. Además descubrió que había gente que vivía de eso y pensó que no tenía nada que perder al intentarlo. Hizo un petate, cogió una hamaca y se marchó a recorrer mundo. Sus amigos pensaron que al poco tiempo volvería a la "vida normal", pero aún sigue en la carretera.



Ahora se dedica a recorrer Europa con lo puesto. Un gran petate, su concertina, una hamaca y su risa. No pide dinero, no tiene móvil y aún manda cartas. Paga los viajes y las comidas con canciones, historias, risas y echando una mano en lo que pueda. No hay objetivo en su viaje, va improvisando. Llegará un momento en que se canse de viajar y se asentará, aunque no se sabe con qué modo de vida.

Por el momento sigue sin fallar a su cita anual con las EJC, y van 14 seguidas. En ellos seguirá contagiando con su risa y su forma positiva de ver la vida, a vivir el momento.


"Follow your heart and live your dreams" es su lema (sigue tu corazón y vive tus sueños)

Os dejo con el reportaje que le hizo la televisión finlandesa en 2010: "Concertino on the Road" 
Sólo hay audio en inglés, con subtítulos en finés, muy útil.

                       
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"Cuando das algo a alguien, haces feliz a esa persona, y tú te sientes feliz porque has hecho feliz a alguien. Son dos personas felices. Si sólo te dedicas a ti mismo, sólo habrá una persona feliz"

domingo, 31 de agosto de 2014

Crónica del IV Malabara't, Vila-Real

El Malabara’t es uno de esos encuentros de malabaristas denominados con cariño como “familiares”. De esos que reúnen a pocos participantes (unos 100, según la organización, y más de 3000 asistentes en total) pero se crea un ambiente muy especial.  El ambiente de confraternizar con los otros participantes que sólo puede darse cuando no se masifica. De reencontrarse con los viejos amigos cirqueros y conocer a gente nueva. Además, el circo consigue que ese ambiente sea siempre positivo, lleno de sonrisas, abrazos y buenos sentimientos.


Pero no es sólo buen ambiente y amistad. El Malabara’t tiene una programación muy apretada, pensada para que la ciudad de Villareal se implique y disfrute con el circo. La verdad es que la respuesta es buena y todos los espectáculos estaban llenos de gente de la ciudad. Eso justifica que haya 3-4 espectáculos de calle al día, cosa rara en cuanto a encuentros de circo se refiere.


El viernes el encuentro se estrenó con un pequeño pasacalles por el paraje de la Ermita “Mare de Déu de Gràcia”, situada en un bonito enclave lleno de árboles, en un meandro del río. Es el lugar donde suceden todas las actividades del encuentro, con sombra y cerquita del río. Lástima que este año hubiera problemas con las instalaciones destinadas al descanso nocturno y tuvieran que reubicarse los participantes donde pudieron. Se iniciaron los espectáculos gracias a Barakacirc con su Batuclown, un espectáculo familiar al ritmo de una batucada enfundada en narices rojas. Casi sin tiempo para descansar comenzó el nuevo espectáculo de los Hermanos Infoncundibles, Qué raro, ¿verdad? Un número lleno de ritmo donde se notan las tablas de los hermanos sevillanos. Saben entretener al público mientras muestran circo de calidad, con mucho humor y algo de crítica al circo moderno. Antes de cenar le tocó el turno a la Cía de Circo Teatro Inestable (Francisco L. Godoy, alias "Pancho", de Chile), con Va todo sobre ruedas mostró una hora de circo muy físico, con mástil, equilibrios y ruedas gigantes.

Hermanos Infoncundibles
Era el turno del Cabaret, presentado por Juan Juanín, un gamberro y provocador al que no le importa que la mitad del público fuera infantil para soltarse la melena y quitarse ropa. En ella pudimos ver a Pedro García, de Cartagena, con un número de mazas en el que sobraron fallos, pero que tiene buena pinta cuando lo pula. Otro número fue el larguísimo de Magic Luis el Mago, joven mago local, que no dudó en ocupar él solo 20 minutos del cabaret para 2 rutinas de magia algo sosas. Iván G. Torre sigue demostrando su progresión imparable con las verticales, lástima que su gran nivel no pudiera lucirse al máximo en esta ocasión. El de trapecio de Lola Galeote fue un bonito número, elegante y con fuerza. La Compañía 2P ofreció su interesante número de passing-prechac de bolas, muy bien ejecutado y estudiado. El cierre fue de los Hnos. Infoncundibles, con su ya clásico Diábolo Metal, una actuación de esas que siempre funcionan y funcionarán.

Lola Galeote, en un momento de su espectáculo


El sábado amaneció también con una agenda apretadísima. Por la mañana talleres diversos y actuación de MagicLuis, el Mago, ya en un ambiente más adecuado. Por la tarde, tras la comida tranquila y el baño en el río de rigor, actuaba el Gran Karoli, un clásico de la escena circense. Su número de calle ofrece varias versiones de monociclos, minibicis y una preciosa moto-rueda (o como se llame), mezclada con demasiados recursos de trabajar en la calle tantos años, dando la sensación de que quizá alargaba demasiado los tiempos y señalaba más de la cuenta al público (“a ver, el de la camisa roja, que salude”, y así cada 2 minutos). Muy diferente fue la actuación de Zirkus Frak (Jorge Albuerne). Curiosa por el hecho de plantear sólo los trucos de mástil chino que al artista no le salen, y diferente por la forma de plantearlo, con la voz cavernosa y el tempo calmado, emanando reflexiones en voz alta. Aún quedaban dos actuaciones más, la de El Rompe Récords, un deportista tontorrón venido desde México y la de la CíaUpArte, de Murcia. Ésta última es un espectacular número de banquinas por parte de 6 jóvenes artistas amateurs que siguen mejorando mes a mes. Tienen una grandísima proyección.

Cía UpArte
Algo saturados por tanta actuación, aún quedaba la Gran Gala. Esta vez las presentadoras fueron Decopivolta (Mar Marcos y Laia Sales), dos payasas que estuvieron muy inspiradas y graciosas. GorkaPereira presentó su número de verticales sobre sillas. Sergio Pla sigue su evolución contemporánea de bolas y danza, con un resultado muy estético. No es habitual ver un número de bola de equilibrios, como hizo David Almazán, lástima de fallos y que el artista transmitiera su nerviosismo. Incomprensible fue la actuación del Col·lectiu Burlesk, de Castellón. Una visita por el manido tema de dos chicos luchando por ligarse a una chica que no consiguió arrancar risas ni al público infantil. El contrapunto fue el bonito número de cuadro aéreo del dúo Plásmata (Miriam Burriel y Katerina Tsiantou), bien ejecutado y muy novedoso en algunas figuras y composiciones en este aéreo tan poco visto. Para cerrar tocaba un poco de bailes latinos a cargo de la Mambo Star (Daniel Sánchez y Josu Monzón), un divertido dúo de passing de mazas que no escatima en técnica y que llega a cerrar con 10 mazas.


La noche posterior estuvo animada por la incansable banda La Trocamba Matanusca y sus ritmos balcánicos, que siguieron con ganas de tocar hasta que la luz del día les avisó de que era un poco tarde (o temprano). El esperado renegade estuvo amenizado por Purpurina DJ, pero lo que sucede en un renagade allí se queda.


El domingo despertó algo tarde y costó que arrancaran las tradicionales Olimpiadas de malabares, llenitas de premios de JuegosMalabares.com. Pese al calor el nivel se mantuvo alto, casi tanto como la nube de malabares que dice adiós a cualquier encuentro. Esta vez no fue así, Malabara't se guardaba la gran actuación de The Funes Troup para el final. Un bonito espectáculo de calle que incluye báscula, passing de mazas, humor y una caravana. 


Así se despide un pequeño gran encuentro de esos que dejan una sonrisa en la boca, ambicioso y de los que acerca el circo a la gente. Habrá que volver el año que viene. Un aplauso a la Asociación de Malabaristas de Castellón (AMACA) por su encuentro.


Otros enlaces:
Gracias a Nerea Coll por las fotografías.




miércoles, 27 de agosto de 2014

El Europeo más verde. EJC 2014 en Millstreet, Irlanda (y III)

En las dos entradas previas se repasaron los aspectos generales de lo que fue esta pasada EJC (European Juggling Convention), y los espectáculos más relevantes. Este año, la habitual reunión de socios de la EJA (European Juggling Association) adquirió un cariz de mayor importancia. Las más de 500 personas allí reunidas daban fe de ello. Los malos resultados económicos de las últimas EJC y la posibilidad de que en 2015 no se celebrara tenían a todo el mundo en vilo.



La Asociación Europea de Malabaristas (EJA en sus siglas en inglés) vela por la difusión del malabarismo y el circo a través de las convenciones (EJC). De unos años a esta parte, las EJC se han vuelto un evento muy complejo organizativamente y cada vez más multitudinario. Requieren una gran dedicación y esfuerzo, siempre basadas en el voluntariado como forma de trabajo. “Por malabaristas, para malabaristas” es su emblema. Está dirigida actualmente por Ali Close (UK) y Fredrik Almgren (Suecia), y cuenta un representante de cada país miembro.

Reunión de la EJA, este año en Irlanda


Cada año, durante la EJC, se realiza una reunión para discutir los temas organizativos, elegir los representantes de cada país y votar los futuros encuentros. Simplemente por ser participante de la EJC tienes derecho a voto en la edición presente. Este año, el representante español elegido ha sido Ray, de Gran Canaria. Su labor será la de hacer de intermediario entre los españoles y la EJA, facilitando su participación en futuras EJC y haciéndonos partícipes de esta comunidad. Es una gran noticia, por ser una persona muy integrada en la comunidad malabarística, motor de iniciativas como el Malabarias y la página de Facebook "Malabaristas de España".

Ray, celebrando su elección


Así, cada año el encuentro se realiza en la ciudad más votada entre las distintas candidatas (se vota a 2 años vista).  El equipo organizador es diferente en cada EJC y tiene libertad para hacer el encuentro a su gusto. La EJA sólo ofrece consejos y cierto apoyo logístico, así como un pequeño préstamo económico sin intereses. La EJA no tiene ingresos propios, sólo una pequeña donación que cada EJC dona de sus beneficios. Se da la circunstancia que en los últimos años ha habido problemas económicos en varias convenciones. En 2012 en Lublin, Polonia, acudieron unos 1000 participantes menos de lo esperado y los organizadores aún están devolviendo el dinero perdido poco a poco. En 2013 en Toulouse, Francia, plantearon un encuentro muy ambicioso y multitudinario, pero con mal control de acceso. Pese a que oficialmente hubo 3500 participantes, numerosas personas se colaron en el evento sin pagar y acabaron perdiendo 40.000 euros, que ya han conseguido recuperar tras varias fiestas y un crowdfunding.

Tras estos episodios, la EJA ha decidido que no puede responsabilizarse económicamente de todas las pérdidas de las convenciones europeas. Por lo que a partir de ahora asumen los gastos los organizadores.


2015, ¿Primer año sin EJC?
Para 2015 existía un gran problema. La ciudad candidata iba a ser Berlín, pero tras un año de trabajo tuvieron problemas con las autoridades locales, no consiguiendo algunos permisos necesarios, desestimando el proyecto en otoño del año pasado. Los organizadores de la EJC de Karlsruhe (Alemania) en 2008 se ofrecieron para organizar el evento aprovechando la experiencia previa. Cuando ya estaba encarrilada, tras unos problemas, el ayuntamiento de la ciudad redujo el aforo del pabellón principal del proyecto a 200 personas, alegando motivos de seguridad, claramente insuficiente para estos eventos. Por tanto en junio de 2014 aún no se sabía si habría o no EJC en 2015, hecho insólito en los 37 años de historia de estos festivales.


Por suerte ha habido una nueva propuesta, en el pequeño pueblo de Bruneck (o Brunico, norte de Italia) existe un equipo de personas que se ha ofrecido a organizar la EJC 2015. Tienen la experiencia de haber organizado con éxito el Unicon 2012, el mayor evento de monociclistas del mundo. Su propuesta fue acogida con grandes aplausos durante la reunión, por el valor que supone organizar  un evento así en sólo un año. De hecho, ellos pidieron ayuda a cualquier persona dispuesta a ayudarles en esta difícil empresa. Si alguno está interesado en ofrecerles una mano, sólo tiene que escribir a 2015ejc@gmail.com

Bruneck está situado en un valle del sur de los Alpes

En la reunión de este año también se confirmó que en 2016 la EJC será en Almere (Países Bajos), una pequeña localidad a menos de 30 minutos de Amsterdam, situado en una isla, con buenas instalaciones y cercanía a la playa. 

lunes, 25 de agosto de 2014

El Europeo más verde. EJC en Millstreet, Irlanda (II de III)

Tras la primera entrada, donde se repasaron los aspectos generales de la 37ª EJC (European Juggling Convention) en Millstreet, Irlanda, queda hablar de uno de los grandes atractivos de la mayor reunión de malabaristas del mundo: los espectáculos y actuaciones.

Este año, los organizadores estuvieron más moderados en cuanto a espectáculos se refiere, se pudo asistir a un Open Stage diario, tres espectáculos de calle, una gala de fuego y dos grandes galas, algo más asequible que otros años. La verdad es que los espectáculos de calle, realizados por Steve Mills, Priam y Dream State Circus, fueron algo pobres comparados con los de otras EJC (quizá se salva el de Steve Mills por sus tablas), además de estar en una zona que invitaba poco a que se acumulara la gente a verlos.

Público esperando la entrada a un Open Stage.  Foto: Luke Burrage


Un punto novedoso fue la Diabolo Battle, un concurso de diabolistas organizado por Luis H. Bailón "Wis". Patrocinado por Diabolo Planet y Juggle Dream, consistió en varias rondas eliminatorias. En cada ronda (de 2 minutos, tandas de 30 seg por jugador) los jueces, Priam, Donald Grant y Alexis, decidían qué jugador les parecía el mejor. Además se premiaba al mejor truco y la mejor rutina en 1, 2 y 3 diábolos, así como en vértax, durante toda la competición. La final fue entre Robin Spinelli y Kevin Knoche, siendo este último el ganador. Muy buena iniciativa a tener en cuenta para próximos encuentros, extensible a otras disciplinas.

Los Open Stage son escenarios abiertos a todo aquél que quiera actuar, sin filtro. Como tales son recibidos, reconociendo con aplausos el valor de mostrar tu número ante un público muy especializado. Destacaron actuaciones como la de Matt "Poki" McCorkle (EEUU) con las isolaciones con un aro, o la de su pareja Tiana Zoumer con el hula hoop, mostrando un número mezclado con danza, sin música y con movimientos muy novedosos (ver vídeo abajo). Decir que en esta EJC el gran protagonista fue el hula hoop. Este clásico aparato estaba presente en gran parte de los talleres impartidos, así como en muchas de las actuaciones que se vieron, indicando que actualmente está muy de moda en Europa. 


Otro de estos números de hulas que destacó fue el de Gail acompañada con beatbox. Volviendo ya a malabares clásicos, la actuación de Ofek y Sagi (Israel). Mostraron, a sus 15 años, que existe una gran cantera en su país, sobre todo en bolas y mazas (ver vídeo). La nota curiosa la puso el brasileño Emerson Noise "Tchatcho" (ver vídeo), siendo de los pocos números con personaje y desarrollo bien formado, además de unos malabares muy vistosos. De las actuaciones de fuego resultó sorprendente ver a Richard Hartnell (EEUU) manejando con suavidad una bola de contact en llamas, rodándola por su torso desnudo como si nada. También impresionó el control del doble staff de fuego de Chazz Parham (RU).

Emerson Noise "Tchatcho". Foto: Luke Burrage

Una de las actuaciones más aplaudidas por lo novedoso de la propuesta fue la de Darragh McLoughlin (Irlanda), llamada “The Whistle” (El Silbato). En ella Darragh introduce la norma de que cuando sople el silbato debemos cerrar los ojos, y cuando vuelva a soplarlo, abrirlos. A partir de esta sencilla norma se sucedían rebobinados, saltos al futuro, cámaras lentas y rápidas, personajes absurdos y secuencias entrecortadas de malabares. Una genialidad que dejaba con ganas de más.

La lluvia también tuvo su protagonismo en la EJC
  
Freddy Kenton. Foto: Luke Burrage
Pero los platos fuertes eran las dos grandes galas. La primera de ellas, Leyend Gala, consiguió reunir en el escenario a grandes nombres de la historia reciente del malabarismo. Un gran ejemplo fue Freddy Kenton (Holanda), que a sus 76 años mostró con soltura esos trucos clásicos de equilibrios que ya apenas se ven. SteveMills, el creador del Mills Mess, el mítico truco de 3 pelotas, hizo una actuación de muy bajo nivel, poco preparada, ensombreciendo la buena actuación de calle que realizó el día previo. Michael Moschen (EEUU) hizo una charla-actuación explicando su visión de los malabares y el mundo, y cómo lo aplica en sus actuaciones. Joschen Schell fue un avanzado en la manipulación de aros, y su número sigue siendo muy fresco. Lástima que en el primer pase tuviera problemas con las luces y tuviera que irse del escenario pidiendo perdón; aunque lo compensó con un segundo pase acertado. Donald Grant (RU) es ya una leyenda en la reciente nueva era del diábolo, y mostró la rutina de 1 y 2 diábolos que le consagró; aunque actualmente casi cualquier diabolista pueda hacerla, señal de lo mucho que avanza este malabar. También se pudo disfrutar de la enérgica y soberbia actuación de Françoise Rochais (Francia) con sus bastones, mazas y paraguas. El colofón fue tener la gran oportunidad de ver a un entregado Viktor Kee (Ucrania) en el escenario. Con su inimitable estilo de malabares y acrobacia, presentó el número que actualmente gira con Amaluna, del Circo del Sol.

Viktor Kee en el gran final. Foto: Luke Burrage

Matthias Romir y su número de diábolo.
Foto: Luke Burrage
La Gran Gala se distinguió en cambio por la juventud de los participantes. Conducida por un inspirado Matthias Romir (Alemania), en su papel de clown decadente, patines y rutinas brillantes con globos de helio. Introdujo actuaciones como la de Kyle Johnson (EEUU) con su mezcla de contact y malabares de bolas. Impresionante fue el trabajo de Roxana Isabell (Alemania) con dos números, uno de trapecio y bola de contact y un segundo de antipodismo con pelotas de malabares, ambos soberbios. Cyrille Humen ofreció un número lentísimo de danza contemporánea y pelota, de difícil digestión. Gail O’Brien, como artista local, decepcionó con el hula-hoop, quizá por ser el enésimo número de hula que veía el público. Soberbia fue la actuación de Patrik Elmnert con mazas y aros, demostrando por qué es uno de los malabaristas de referencia del momento; está a otro nivel (ver vídeo). El cierre lo puso el joven Florent Lestage (Francia) con su precioso estilo de mazas combinado con bastones. El punto polémico fue la actuación de Samuel Youdé (RU), que se negó a salir a escena en el segundo pase de la noche tras ser criticado por haber lanzado mensajes ofensivos contra la religión católica en su número. Hay que decir que su número era de lo más bizarro que se ha visto en escena en mucho tiempo (disfraces de Pikachu, tiburón y Papa incluidos, ver este hilo para su explicación) y que, polémicas aparte, a nadie pareció gustarle.

Roxana, en un momento de su primer número
Foto: Luke Burrage

Por supuesto, todo encuentro tiene un gran pasacalles, que en un pequeño pueblo como Millstreet gana en color y diversión. Un carrusel de malabares y entretenimiento por las calles del pueblo, hasta los campos de deporte donde se disfrutó de unas soleadas y espectaculares olimpiadas.

Olimpiadas


En resumen, un buen encuentro, más sencillo y accesible que los previos, y con muy buenos resultados. Así que con buen sabor de boca por lo bien organizado del evento se nos emplaza a asistir a la 38ª edición de la EJC, esta vez en un pequeño pueblo germano-parlante del norte de Italia: Bruneck. A continuación dejo una recopilación de los vídeos que han ido saliendo sobre esta EJC, incluyendo actuaciones.


La siguiente y última entrada habla sobre los problemas que ha tenido la European Juggling Association con la organización de las últimas EJC y las pérdidas económicas. ¡No os la perdáis!


NOTA: en la revista digital de eJuggle han hecho también un resumen de la EJC y una completa recopilación de las actuaciones de los Open Stage, con muchas fotos.

domingo, 24 de agosto de 2014

El Europeo más verde. EJC 2014 en Millstreet, Irlanda (I de III)

La pequeña localidad Irlandesa de Millstreet (1500 habitantes) albergó el pasado julio, por segunda vez, el Encuentro Europeo deMalabaristas (European Juggling Convention, EJC en inglés). Esta 37ª edición reunió a más de 2000 participantes de todo el mundo, dispuestos a disfrutar del mayor evento malabarístico del año. Contaban con el apoyo del condado de Cork y con un equipo organizador que quería repetir la buena experiencia de 2006.




Comparado con las EJC previas, ésta fue algo menos ambiciosa y más ajustada a su realidad, presentando una programación que permitía asistir a todas las actividades del día sin agobios. Las instalaciones fueron las adecuadas para el número de asistentes, centrándose casi toda la actividad en el enorme pabellón central que acogía un gran escenario y su graderío correspondiente. La otra mitad del pabellón era suficiente para que todos los malabaristas pudieran entrenar o realizar talleres durante 24 horas al día sin problemas. Cabía allí dentro incluso un bar, una zona de juegos de mesa (Lazyjuggler se encargaba de organizarlos), sitio para entrenar aéreos y una zona de conciertos. Un enorme terreno de acampada preparada para la constante lluvia irlandesa acogió todas las tiendas y una explanada adyacente era el sitio donde se situaban las carpas para conciertos y otros espectáculos. También estaba prevista la obligatoria zona para la práctica de malabares de fuego, abierta todas noches. Cabe destacar el esfuerzo que la organización y los voluntarios dedicaron a que todas las instalaciones estuvieran siempre en un magnífico estado.

Carpa Renegade (izda), Cafe Cabaret (amarilla y azul),
Energy Tent (roja, al fondo) y carpa de tiendas (dcha)

De entre la programación, los organizadores quisieron dedicar un día entero a su país. El Irish Day contó con cursos de gaélico y danza irlandesa (Céili Mor) para todos, así como un concierto y una bonita gala con artistas locales, de buen nivel.



Uno de los apartados más atractivos fueron los talleres reglados, las Masterclasses. Eran talleres de varios días de duración impartidos por artistas consagrados como Viktor Kee (que donó el dinero ganado a su fundación Help Ukraine), MarcoPaoletti, Priam Pierret o Michael Moschen. La de Moschen fue un taller muy singular, tipo conferencia, que ante más de 300 espectadores explicaba su visión de los malabares, la formación y el mundo. En base a esa explicación, desgranaba sus actuaciones, abriendo su significado al público. Un verdadero viaje al interior de del artista, destinado a que cada uno se hiciera las preguntas necesarias para recorrer su camino artístico. Moschen está muy obsesionado con la idea de que el mundo digital ha destronado al analógico antes de que los humanos hayamos podido adaptarnos adecuadamente a ese cambio. Se esfuerza mucho en que algunos procesos de aprendizaje sigan siendo analógicos, para poder comprender bien y asimilar el camino artístico de cada uno.

Moschen en su taller-conferencia

Otro de los eventos que atrajo a más gente fue la Fight Night (Noche de lucha), de gladiators o combat. Organizado por Luke Burrage, es una competición de batalla de mazas, cada vez tomada más en serio. En rondas de dos combatientes, el objetivo es tirar las mazas del contrario mientras uno sigue haciendo malabares. Los 16 participantes dejaron momentos increíbles ante los más de 500 espectadores allí presentes. El ganador, un año más, fue Joschen Pfeiffer (Alemania), que aún sigue invicto. Luke Burrage ha subido los vídeos de los combates finales, imprescindibles: 



Una de las carpas de la zona exterior se utilizó casi exclusivamente para los Renegades (y algún concierto-fiesta). Al ser uno diario, éstos a veces se hacen repetitivos y degeneran excesivamente. Por suerte los organizadores estuvieron hábiles intentando dinamizarlos con juegos o retos. Mención aparte merece Steve Mills, el mítico malabarista creador del Mills Mess. Fue congiendo confianza durante el encuentro, destapándose primero como un tipo que se encuentra más cómodo de noche, hasta ser una especie de personaje decadente de sí mismo, protagonista en muchos sentidos de la EJC.



Por supuesto, como todos los años, hubo un torneo de volley-maza, muy numeroso. Como novedad se presentó un campeonato de fútbol 3x3 pero haciendo malabares, bastante curioso y divertido. También hubo dos carpas para las tiendas, así como una muy pequeña, llamada Energy Tent, dedicada lo más hippie entre lo hippie, que dejaba los chacras limpios según entrabas.

Por iniciativa del mítico artista canadiense Bob Carr, se introdujo una pequeña carpa llamada Cafe Cabaret, dedicada a servir buen café (algo muy preciado) y a dar cobijo a pequeñas actuaciones que sino no tendrían cabida. Por la noche, curiosamente, esta pequeña carpa se transmutaba en una rave hasta que el sol ya subía lo suficiente.



Tras esta primera entrada de introducción, no dudes en visitar la siguiente entrada, donde se repasan algunos de los mejores espectáculos de la convención.

jueves, 31 de julio de 2014

"El circo es el único arte verdadero". Entrevista a Vasily Protsenko

Vasyl (o Vasily) acaba de evaluar a unos aspirantes a la escuela de Carampa del año que viene. Me recibe con un saludo rápido, poco expresivo, y nos dirigimos a los camerinos. En un ambiente íntimo, entre trajes y espejos, Vasily se va encontrando más cómodo. Habla con un marcado acento del Este, conjugando de forma particular los tiempos pretéritos. Es directo, con tono firme, mueve las manos y mira fijamente, reclamando la atención a su discurso contactando físicamente con el interlocutor. Así rememora sus inicios y su formación circense en la URSS, habla de viajes, de su llegada a España, de Carampa... En definitiva, habla de circo, su vida.

Los primeros años
Vasily nació un 24 de febrero de 1959 en la pequeña ciudad de Yalta (Crimea, antigua URSS, hoy día recién anexionada a Rusia tras 22 años de pertenencia al territorio ucraniano). Pasó una buena infancia y ya en el instituto se dio cuenta que había ciertas materias que no eran lo suyo. “hay gente buena, muy buena y estúpidos, yo soy de los terceros. Me gustaba el deporte, el arte, la música, la geografía y la historia, para el resto había que concentrarse mucho”, resume Vasily.

En su ciudad había una carpa que durante los veranos acogía actuaciones circenses, cosa que la convertía en un gran atractivo para los adolescentes del lugar. Fascinados por los acróbatas y payasos, Vasily y un amigo fueron un Club de Circo formado en la Casa de la Cultura de Yalta. Allí daban clases artistas jubilados del gran Circo de Moscú, como los profesores Anatoly Mitrofanov y Raisa Dulierova. “Con 13 años comenzamos los primeros pasos con nivel profesional, partiendo siempre desde afianzar los conceptos básicos: postura, movimientos, equilibrio, etc”.

Vasily (con boina) posando junto a sus primeros profesores.
Club de Circo. Yalta, 1981

Así inició su aprendizaje en acrobacia, clown, malabares, danza, verticales y trapecio. Formaron una compañía que giraba con un espectáculo por la URSS. “Alcanzamos un gran nivel, viajábamos mucho”. Un verano pasaron nuevamente los artistas del Circo de Moscú por Yalta, y su profesor le dijo a Vasily que tenía que ser ambicioso y solicitar entrada a la Escuela. “Tenía muchas ganas, pero también me recomendó que esperase a hacer el Servicio Militar”. Aún así hizo las pruebas a los 17 años, pero fue rechazado. A los 18 fue destinado a la marina durante tres años, donde también pudo seguir actuando puntualmente.

Vasily, en equilibrio, en el Club de Circo.
Yalta, 1981.

A su vuelta a Yalta volvió al Club de Circo. “Volví a hacer las pruebas para Moscú, pero fracasé por segunda vez”. Así que se quedó en casa, vinculado al Club de Circo, pero trabajando como albañil, en el mantenimiento y los decorados de unos estudios de cine. “Ya por tercera vez intenté ingresar en la escuela en 1982. Tenía 23 años y no me admitieron porque decían que había pasado la edad máxima para cualquier disciplina, 22 años”, recuerda Vasily.

Tras una protesta y hablar con un profesor consiguió mostrar sus habilidades y ser admitido. De los cuatro años de formación, pudo hacer los dos últimos, pero examinándose de las asignaturas de primero y segundo también. “Fueron dos años muy duros, básicamente dormía en la pista y comía un bocadillo entre clase y clase”, aclara Protsenko. Durante ese tiempo, además de los conceptos básicos de las artes circenses, aprendió también variedades como claqué, pantomima, danza y a tocar el trombón. 

Vasily (derecha) en una actuación en la
Escuela de Circo de Moscú. 1982-84

“Con un compañero monté un número final de payasos y acróbatas, lo presentamos ante un jurado muy serio, que consistía en 25 autoridades políticas”. Eran años donde el circo era un arte mayor en la Unión Soviética, algo tomado muy en serio. Vasily lo explica: “estaba muy bien considerado el circo soviético en la sociedad. Había 84 circos estables en la URSS entonces, y en verano 30 más. Era una fábrica de artistas, y nos trataban muy bien. En las giras teníamos hotel para los artistas y acompañantes”. Y trata de hacer ver lo grande que era entonces el circo y esa escuela. “Era una fábrica. En Rusia había una lista enorme de artistas que no puedes imaginar, de gran nivel. Yo tuve profesores que salían en los libros de historia del circo”.

Pasaron los exámenes y en 1984 se gradúa en la Escuela Estatal de Artes Circences y Variedades de Moscú, como acróbata excéntrico y payaso. Ese mismo año ingresan en la Compañía Estatal de Circo de Moscú, con quienes trabajaría hasta 1995.

Vasily (izquierda) posando antes de su número final en la
Escuela de Circo de Moscú. 1984

Vasily (en el aire) durante el número de graduación. 1984

Con la compañía viajó por todo el mundo: Rusia, Australia, Venezuela, Paraguay, Chile, Puerto Rico, Portugal... Siempre con su número de payasos y acróbatas excéntricos, primero con un compañero y después con su mujer, Larisa. Era parte del equipo de creación de los números y uno de los principales payasos. Incluso llegó a tener un número de trapecio cómico vestido de mujer, pero tras dos caídas en el 87 y 88, se lesionó la columna cervical y decidió dejarlo y dedicarse al resto de actuaciones.

Vasily (abajo), durante una actuación en
Australia. 1993

Su llegada a España
”Cuando estábamos en Lisboa, en 1994, contactó con nosotros el Gran Circo Mundial a través de un agente, pedían payasos”. Así que Vasily fue con su mujer, Larisa, también de Yalta y con la que tenía un dúo de payasos, y fueron a Madrid durante un mes a hacer las pruebas. Mostraron su número, en el que también ofrecían malabares, equilibrios, monociclo, instrumentos musicales, etc; así que Jose María González les ofreció un contrato por un año. “Firmamos inmediatamente, ya no estaba tan a gusto en el Circo de Moscú. Se notó mucho la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS. El circo y la cultura bajaron mucho, fue un desastre para todo el arte, la corrupción llegó a todas partes”, explica Vasily. “Además, Crimea pasó a ser ucraniana y yo adquirí esa nacionalidad, por lo que se complicaban los trámites para renovar mis contratos con el Circo de Moscú”. 

Vasily y Larisa durante una actuación en el
Gran Circo Mundial. 1995

Así llegaron Vasily y Larisa Protsenko por primera vez a España, con el Gran Circo Mundial, el único de aquella época con capacidad para contratar extranjeros de nivel. “Hacíamos entradas entre actos, para nosotros fue algo diferente, ya que nunca sabías cuánto tiempo tenías que estar en pista en cada entrada. Se nos daba bien y creo que gustábamos al público”, recuerda. También se extrañaba de las costumbres españolas, como la siesta. “Hubo cierto choque cultural y culinario. A mí me sorprendía mucho que la gente durmiera la siesta y que de tres a cinco no pudiera ensayar porque hacía ruido”.

Pero no todo fueron buenas experiencias. “No estábamos a gusto con algunos de los ayudantes del director del Mundial, trataban a la gente mal. Con González no hubo problemas, pero durante la gira con el Mundial yo aún no tenía el permiso de trabajo en mi poder, se lo habían quedado ellos. No podía demostrar que residía legalmente en España”. Se queja Vasily. Pero la historia tuvo un buen final: “conseguimos el contacto del Departamento de Extranjería, justo el día que acababa nuestro contrato y regularizamos nuestra situación. Tras acabar con el papeleo, como nos habíamos ido sin avisar, uno de los ayudantes estaba intentando sacar por la fuerza nuestra caravana del Circo, gritándonos”, recuerda ahora entre risas el artista.

Vasily y Larisa junto a unos niños en la primera carpa de Carampa.
Madrid, 1996

Durante su estancia en el Mundial habían hecho amistad con el malabarista Rafael de Carlos, por aquel entonces habitual de una joven Carampa (la carpa de circo de la Asociación de Malabaristas). Junto a él llegaron al recinto, a pedir un sitio para poner la caravana mientras buscaban nuevos contratos en otros circos. “Como pasaban las semanas y nos aburríamos empezamos a ayudar en el mantenimiento de la carpa, y a los pocos meses nos ofrecieron contrato para un curso con niños, así que nos quedamos hasta el día de hoy”. Actualmente sigue actuando ocasionalmente con su mujer, Larisa, con su dúo de clown clásico bajo el nombre Duo Vasilis, escuela de circo de Moscú, tarea que compagina con sus clases en Carampa.

Ser profesor
Vasily ya había comenzado a dar clases casi desde sus inicios como artista de circo. Ya en el Club de Circo ayudaba en el aprendizaje de los nuevos alumnos. Tras formarse en la Escuela de Circo de Moscú, adquirió una base muy completa en muchas disciplinas, sobre todo las clásicas. Actualmente es profesor de verticales, equilibrios y clown en la Escuela de Circo Carampa (Madrid), siempre siguiendo las directrices de la rígida escuela soviética. “Para mí los alumnos son mi proyecto vital, así mi experiencia se perpetúa, pero hay que construir la casa desde los cimientos, y edificarla con mucho trabajo hasta llegar al tejado”.

El circo en la actualidad
“Cada vez hay más interés por el circo en España, hay más nivel, más preparación y más competitividad, es una buena noticia”. Aunque para Vasily hay un gran pero: “el arte sin ayuda del gobierno es muy complicado de desarrollar, si queremos mantener el nivel necesitamos esas ayudas, y con la crisis es todo cada vez más difícil”. 

Vasily y Larisa durante una actuación en Madrid. 1998

Se muestra rotundo cuando se saca a la luz el tema del circo contemporáneo. “El circo moderno no existe, la palabra circo lo engloba todo. ¿Es el Soleil un circo moderno? No, es el circo clásico pero con otros trajes. Guy Laliberté es muy listo, quitó los animales no por el tema de derechos, sino porque moverlos es caro y complejo”. Incluso se muestra crítico con la corriente más teatral, “es muy fácil decir que eres circo contemporáneo porque actúas en vaqueros y la camiseta de la tienda de la esquina, el circo es arte, no la vida cotidiana”.


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Foto de final de curso de los alumnos de la promoción de la Escuela de Circo de Moscú. 1984.

Poco dado al trato cercano de primeras, con su estilo soviético ha conseguido ganarse el respeto de todos los que pasan por Carampa, siendo apreciado como un gran profesor, muy versátil, y un magnífico payaso. Apasionado seguidor del payaso Grock, al que considera el número uno, Vasily tiene muy claro qué es ese circo alrededor del cual gira su vida: “Es un arte, uno muy grande, el único verdadero. Un payaso no puede mentir, un equilibrista no puede equivocarse. El circo es la pista, donde hay que hacerse ver por el público, donde uno no puede esconderse”.

Gracias a los Protsenko por las fotografías