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martes, 12 de diciembre de 2017

Inside Totem

Que uno de los artistas del Circo del Sol te invite a ver Totem desde el backstage después de haberlo visto desde la butaca es un lujo que nunca debe rechazarse. Es tener la oportunidad a ver cómo se mueve por dentro un espectáculo de este tipo, con una multinacional del circo detrás, con un grandísimo elenco y con unos medios humanos y materiales inimitables. Para mí ha sido una experiencia fantástica que me ha ayudado a ser consciente de qué es el Circo del Sol, de la que he aprendido muchísimo y que recordaré muchos años.

Por haberla vivido tan intensamente, quería compartirla en forma de las imágenes que se me iban quedando en la cabeza, junto con algunas fotografías que me permitieron sacar (son con el móvil, disculpad la calidad). Espero poder transmitir las sensaciones que me fueron llegando.



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Entrar por la puerta de "artistas y personal". 
Pasear entre los innumerables tráilers y módulos. 
Subir a un enorme camión-comedor con unos 5 cocineros para servir a los trabajadores.
Tomarte una infusión con Thom Wall en una mezcla de charla-entrevista.
Que otros artistas se te acerquen a saludar y preguntar qué tal.
Entrar en la carpa de trasescena y ver que está perfectamente organizada:
Aquí el gimnasio, en medio la zona de aéreos, a la derecha los camerinos, al fondo la sastrería y zapatería, detrás el taller...
Junto a la entrada al escenario un espacio limpio con un espejo, unos sofás y una televisión con el show en directo, arbolito de navidad incluido.

 

Las sillas de invitados preaparadas junto a los sofás.
Las tazas con el nombre de cada uno sobre la fuente de agua.
El regidor avisando de los tiempos con una sonrisa en la cara.
El tablón con todo el esquema del show, la hora, la temperatura y la humedad.


El ir y venir continuo de los artistas y ayudantes según el momento: unos calentando, otros aburridos mirando sus móviles mientras la TV muestra a sus compañeros actuando por décima vez esta semana.
Ver su proceso de cambios de vestuario. Ver su maquillaje de cerca.
La troupe de rusos practicando con sus barras
El patinador haciendo bromas con todo el que se cruza en su camino.
En el gimnasio la trapecista lesionada ejercitando su hombro derecho.
El payaso que hace elíptica entre entradas.


El malabarista que practica obsesivamente su rutina de diábolo.
Un acróbata disfrazado de mono mirando relajadamente la televisión tumbado en el sofá mientras espera el momento de entrar a escena. 
La monociclista que repasa en vídeo su actuación para contar los fallos.
El paseo por sastrería y demás, flipando con los trajes hechos a medida, los miles de botes de maquillaje y las diferentes máscaras mirándonos.

Los propios artistas ofreciéndose a hacerse fotos con nosotros.
Descubrir los pasadizos bajo el escenario, donde hay que desplazarse tumbado sobre un monopatín.
Ver al batería de la banda completamente aislado tras las cortinas y gradas, rodeado de pantallas para poder llevar el ritmo.
Chocar los cinco con todos los trabajadores al terminar el show. 
Salir del recinto intentando retener todo esto en la cabeza.




Gracias a Thom Wall por su simpatía y por permitirnos vivir esta experiencia.
A Ali por acompañarme a ver tanto circo y por tantas y tantas cosas. 

lunes, 4 de diciembre de 2017

El acróbata versátil, entrevista a Lewie West

Lewie West acude puntual a la cita en la ruidosa cafetería del Teatro Circo Price, falta una hora para que actúe la compañía australiana Gravity and Other Myths (GOM), con la que viaja aunque no actúe. Le acompaña una voluminosa mochila y una gran sonrisa. Ese gesto se repetirá con mucha frecuencia durante esta charla, reflejando a alguien claramente feliz con su vida y con ganas de compartir ese sentimiento.


Lewie nació en Camberra, Australia, en 1988 como el pequeño de 4 hermanos. Recuerda una infancia muy activa, jugando al fútbol, hockey hierba y haciendo gimnasia. No en vano toda su familia es muy aficionada al deporte y uno de sus hermanos, Duncan, era gimnasta. Además, otro de sus hermanos, Jackson, tiene una discapacidad neurológica, lo que cree que consiguió unir mucho a su familia: “cuando yo nací, Jackson ya estaba ahí, siempre ha sido normal, necesita un poco de ayuda pero nada más. Nos ayuda a ser más compasivos y empáticos, a tratar a las personas como personas, sin importar la condición que les afecte”.

Su primer acercamiento al circo fue a los 6 años, aunque no le convenció del todo: “en Australia tenemos muchos 'Youth Circus' [una especie de campamentos de circo]. Probé un poco y pensé que no era lo mío, así que me dediqué a otras actividades. A los 13 o 14 años volví a interesarme, a través de los malabares, y ya me enamoré del circo”. Desde ese momento su camino al circo fue de lo más natural, “fue una transición, no hubo ninguna decisión premeditada. Me gustó el circo, entré en una escuela y al salir vino un trabajo y de pronto ya estaba dedicándome a ello. Es lo que siempre quise hacer pero nunca fue una decisión que tomara, fue viniendo”.


Así, en 2005 entró en la National Institute of Circus Arts en Melbourne, “no es una escuela de altísimo nivel, pero para mí fue increíble, llegué sin saber qué esperar y lo disfruté muchísimo. Durante esos 3 años mi vida era entrenar y poco más, me preparó muy bien para mi etapa posterior”. Aunque es consciente que en el circo no es obligatorio el paso por una escuela formativa superior [sus propios compañeros de GOM comenzaron directamente desde un Youth Circus], sí considera que ayuda: “en una escuela tienes el tiempo, el espacio y los profesores para ti, buscar eso por tu cuenta es muy complicado, te facilita mucho el entrenamiento y la mejora”.



Una vez que termina la escuela entra directamente a formar parte del elenco de Circa, entonces una joven compañía (se fundó en 2004) que parecía realizar trabajos interesantes. “Tuve muchísima suerte, tras el número en solitario que hacemos al finalizar la escuela, Yaron [Lifschitz, director artísitico de Circa] se acercó y me dijo: 'hola, ¿quieres trabajar con nosotros la próxima temporada?'. Yo entonces no los conocía, pero tenía muchas ganas de trabajar y un amigo me los recomendó. Me uní y me sentí muy afortunado”. Y así, en 2009 ya estaba participando en las diferentes producciones de Circa. En los siguientes 7 años formó parte de unos 10 shows de la compañía, caracterizada por su ritmo frenético, con múltiples espectáculos simultáneos en gira, y su éxito internacional. “A Yaron le encanta crear, así que si no estamos trabajando estamos de creación, incluso dentro de las propias giras, es muy duro. Según se van añadiendo espectáculos se va haciendo más duro para la cabeza y el cuerpo”, explica Lewie, que reconoce que fue uno de los motivos para dejar la exitosa compañía en 2015. “En una ocasión me lesioné la espalda y tras rechazar varias giras me tomé unos meses de descanso sin hacer nada de circo, no era la primera vez que me pasaba y quería recuperarme. Tras 6 o 7 meses me fui reenganchando con el circo poco a poco”.


Es entonces cuando un amigo le hace una oferta diferente justo en el momento en que firmaba un contrato con el prestigioso Circo del Sol: “Él trabajaba en GOM, entrené con ellos y vi que me gustaba su trabajo, que eran competentes y muy majos, además de suponer menor carga de trabajo”. A tomar esta decisión ayudó que su pareja, la acróbata australiana Mieke Lizotte, formaba parte de la compañía. “Tuve muchas dudas, me planteé la situación con mi novia y pensé que si aceptaba ir al Circo del Sol sería muy difícil mantener la relación. Hecho el balance, tomé una decisión y aposté por un proyecto que me ilusiona mucho y me permite estar con mi pareja y amigos, no me arrepiento en absoluto”. Lewie ha participado en la creación de Backbone y comenzará la gira en 2018.

Antes de todo aquello, en 2013, sucede un hecho que también marcará su carrera y explica su renombre como artista: consigue la medalla de oro en el Festival Mondial du Cirque de Demain con su número de straps. “No me esperaba ganar, de hecho no sé cómo se puede juzgar una competición de circo, con tantas disciplinas y estilos diferentes. Pero me gustó mucho el ambiente entre los artistas y el público tan entusiasta. Lo disfruté pero a la vez fue la ocasión que más nervioso me he puesto antes de actuar" recuerda Lewie entre risas.


La popularidad no sólo le llega por esta vía, ya que Lewie es una persona muy activa en su canal de Youtube, donde sube habitualmente vídeos con sus increíbles habilidades. “Aprendo mucho cuando me veo en pantalla y me gusta compartir lo que hago y recibir un feedback. En su momento me cansé de ver cosas muy parecidas en Internet, y me decidí a subir mi propio material, ofrecer cosas menos técnicas pero que yo considero más interesantes, así me estimulaba y motivaba”. Resulta curioso que un acróbata tan versátil (en sus vídeos se le ve hacer tumbling, portes, straps o mástil) también se deje ver haciendo malabares, y con muy buen nivel; preguntado al respecto, sonríe y responde: “¡Me encantan los malabares! Siempre llevo 5 bolas en la mochila. Fueron los malabares los que me llevaron de vuelta al circo en mi adolescencia. Para mí son como una meditación, algo que hago cuando necesito un descanso de las acrobacias. Apenas lo he hecho en escena, aunque no me importaría hacerlo en un número grupal, pero es duro porque en malabares los fallos son muy obvios. Igual en un futuro hago algo en un dúo con Mieke [ella hace hula hoop], veremos si sacamos el tiempo necesario y si funciona”.

En estos vídeos Lewie muestra un estilo fluído y único, tremendamente original y variado. “Me gusta llamarlo Free Range Acrobatics, quizá por ser una mezcla de estilos, me gusta coger un poco de cada cosa que me agrada y encaja”. Apasionado de todo aquello que implique habilidad y creatividad, se declara seguidor de Ido Portal, una especie de gurú del movimiento, “también me encanta el monopatín, pero soy la persona más descoordinada del mundo sobre una tabla”, explica entre risas.



Su nivel de excelencia es el resultado de unos entrenamientos muy variables, debido a la exigencia de su calendario: “Depende mucho del espacio y el tiempo que tenga. Si puedo hacer aéreos hago straps, si es más pequeño practico acrobacias, o malabares o verticales, según. No estoy muy focalizado, la duración varía entre 1 y 8 horas. Además esta variación me ayuda a prevenir lesiones, cosa que cada vez veo más importante, ahora hago menos tumbling y más acrobacias de suelo.”

En los últimos meses se está aventurando en el mundo de la enseñanza, y explica los motivos: “en mi carrera he tenido profesores increíbles y me gustaría devolver todo esto a otras generaciones, transmitir el conocimiento. El mundo será mejor compartiendo los conocimientos. Además, un profesor siempre está aprendiendo, va haciendo 'ensayo y error'. Me he dado cuenta de que no soy bueno enseñando acrobacia pura, sino transiciones y unión de movimientos, me voy focalizando”.


Así, este niño que soñaba con ser especialista de cine, ser doble de acción, fascinado por las escenas acrobáticas de Jackie Chan, se ha convertido en un gran acróbata, uno de los más versátiles. Un acróbata feliz con su carrera y que no parece por el momento muy preocupado por el futuro, “la enseñanza puede ser una buena opción, o puede estar fuera del circo, no sé, cuando venga ya haré lo posible por ello”. Sonríe tras esta reflexión y al despedirse sigue sonriendo, con la tranquilidad que da el estar a gusto con su camino.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Ración de vídeos del mes. Noviembre de 2017

 Uf, cómo pasa el tiempo, ¿que no? Lo vas dejando lo vas dejando y ¡zas! ya están las luces de Navidad. Y la ración sin servir. Lo peor es que no la sirvo desde verano, así que toca que sea contundente, de comer con cuchara, que es lo que apetece ahora. Habitualmente aquí hago un repaso de la actualidad, pero oye, de Cataluña se ha hablado mucho (y lo que queda) y no pasa nada por no saturar más. De la sequía ya toca volver a concienciarse y exigir que haya medidas estatales que no vayan encaminadas a "educar" al ciudadano, habrá también que limitar los regadíos, mejorar la canalización de agua, etc. De esto ya habló hace años Albert Pla, un tema gravísimo. Pero bueno, a lo que vamos, una ración rica de circo de lo más variado. 

Pasen, hay sitio al fondo

1) Wes Peden. Pues sí, ha vuelto a estos lares. Pese a ser hiperactivo y sacar mucho material, lo cierto es que todo lo que saca es oro puro. Está a otro nivel y se empeña en recordárnoslo. Ya hablé de él y su último proyecto: Gumball. Ahora nos regala la versión completa de Water on Mars, con Patrik Elmnert y Tony Pezzo. Id sacando palomitas.



2x1, también ha liberado un extracto de Between Someoneson's junto con Patrik. Belleza pura en la sincronía.



2)  Cía Kadavresky. Rutina de baile con esquíes sobre suelo. Bello e hipnótico, deja con ganas de mucho más y de saber cuántos esquíes habrá roto con el mortal. A mí me ha resultado una mezcla preciosa de las extintas competiciones de ski ballet y de los zapatones de Willie Hall.


3) Emmanuel Pérez. Es un malabarista y diseñador gráfico francés que hace malabares de rebote. La verdad es que compagina plenamente sus dos trabajos ya que en sus malabares se refleja claramente el gusto por lo estético. Todos sus vídeos son una maravilla llenos de trucos preciosos, con mínimos instantes de belleza, como flashes que te van abriendo los ojos. Lástima que ya se prodigue poco subiendo material.




4) Duo ELJA. Dúo de trapecio desde alemania. Curtido en las interminables giras de Saltimbanco, del Soleil, aparece este numerazo lleno de fuerza, riesgo y una estética muy consolidada. Chapó.



5) Ori Roth. Ya se lo avisó Luke Burrage en aquél ranking (min   ): "stop taking trippy drugs!". El bueno de Ori no ha dejado las drogas, al parecer, porque el último vídeo es muy psicotrópico. Un estupendo viaje a un ritmo frenético. Psicodelia y malabar, una maravilla, un alarde de edición. Como han dicho en los comentarios: "instant classic", un clásico desde ya.


6) Peejay. Es el pseudónimo de Pieter-jan Hoornaert, un malabarista holandés con un variado gusto circense. De sus vídeos me quedo con este experimento que mezcla cigar-boxes con formas del Tetris.



7) Oldie del mes. Una hora de grandes clowns en sus diferentes actuaciones en el Cirque Royal de Estocolmo. Toca hacer nuevas palomitas.




Chupitos, Gifs y bombones.
Espero que hayan quedado satisfechos.


¡Salud y mucho circo!

viernes, 24 de noviembre de 2017

Dejar Zirkólika

Hale, ya está, ya tomé la decisión. El actual número 54 de la revista Zirkólika ha sido el último en el que colaboro. Ha sido una pregunta que me rondaba desde hacía meses pero que no me atrevía a afrontar. Curioso cómo funciona a veces la cabeza, huyendo de intentar resolver una cuestión que sabemos nos llevará tiempo hacer.



Al final hice esa reflexión, me di cuenta que escribir para Zirkólika había pasado a ser una cosa que "tenía que hacer", dejando de ser algo que me "encantaría hacer". Lo importante es darse cuenta, da igual cuándo. Así que tras un tiempo pensándolo lo hice, aunque a sabiendas de que no había un motivo concreto, sino ese sutil cambio entre la voluntad y la obligación. Esa leve desmotivación con un proyecto que sentía podía suponer un pequeño lastre la actividad de la revista, cosa que no querría por nada en el mundo.

Esto siempre lo he hecho por placer, porque me gusta escribir y porque me permitía conocer mejor el mundo del circo que tanto disfruto. Desde aquí sólo puedo tener palabras de agradecimiento a Zirkólika y su equipo. Lo suyo fue una confianza en una persona sin apenas bagaje circense y que ni siquiera era periodista. En aquél 2010 en que empecé a escribir allí sólo contaba con unos meses de Malabares en su Tinta en mi mochila. Además, en esa confianza me dieron también una libertad absoluta a la hora de proponer temas, elegir objetivos y en mi forma de escribirlas. También me han defendido cuando ha habido algún malentendido con ciertas personas por lo volcado en mis artículos. Por fortuna estas han sido ocasiones contadísimas y son ya muy lejanas.

Por supuesto, en toda relación hay altibajos y con Zirkólika no ha sido diferente. Hay desavenencias que a veces son inevitables, pero que con diálogo y sensatez se solventaron sin problemas. El conjunto ha sido extraordinario, siete años en los que he disfrutado muchísimo, he aprendido una barbaridad. Siete años que me han permitido ver muchísimos espectáculos de lo más variado, descubrir a artistas increíbles, conocer directores e instituciones, viajar a festivales, aprender cómo funciona a veces el circo por dentro, etc. Y también conocerme mejor a mí mismo y mi forma de escribir.


Aunque suena a despedida total, no pretendo que sea así. El tiempo que puedo dedicar al circo se va a ver algo limitado dentro de unos meses (por circunstancias vitales y laborales), sin saber si voy a poder recuperarlo, así que prefiero por el momento dedicar este poco tiempo a escribir en esta casa y seguir trabajando en diferentes proyectos. No querría cerrar la puerta completamente, ya que ha sido una etapa muy estimulante en mi vida y que sin duda me ha ayudado mucho a formarme y consolidarme, por lo que dejo un resquicio a futuras colaboraciones. 
 
Seguiré siendo suscriptor de la revista y seguiré viendola crecer. Considero importantísima su labor como medio de información profesional de las artes circenses en nuestro país. La defenderé y promocionaré porque considero que una revista como esta, con diez años de historia y subiendo, debe existir y ser valorada.

Así, un agradecimiento más a modo de despedida, de cambio de etapa, uno más en este frenético 2017 que me estoy marcando. Gracias Vicente, gracias Marcel, gracias Zirkólika, un placer.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Cuando el circo deja paso al juego

El circo es riesgo, es asombro, es el más difícil todavía, es buscar los límites. Además es sacrificio, esfuerzo, dolor y sudor; pero por suerte también son sonrisas, ilusiones, aplausos y disfrute. En torno a estos cuatro últimos adjetivos parece girar el espectáculo "A simple space", de la compañía australiana Gravity and Other Myths (GOM). O al menos eso es lo que se percibe al ver al público saltar de sus asientos para aplaudir entusiasmado al terminar el show y dirigirse a la salida entre sonrisas y comentarios de asombro.



Un espacio simple, apenas un cuadrado de 4x4 metros, con unos simples focos blancos en las esquinas y una batería y sintetizador en uno de los lados. El público muy cerca, y los artistas al mismo nivel, con un vestuario cuidadosamente simple también. Salen los artistas, secundados por el magnífico músico (y showman) Shenton Gregory a la percusión y efectos sonoros. Sonríen, respiran y se ponen a jugar.



Ese podría ser un buen resumen. Es el juego hecho circo, el disfrute de la acrobacia que traspasa ese espacio simple y llega a un público que se divierte casi tanto como los integrantes. Bajo la dirección de Darcy Grant, el elenco alterna exhibiciones con absurdos retos entre ellos, algunos de los cuales implica llevar sus cuerpos al límite. En ocasiones sirven para enlazar esa idea con la siguiente parte de acrobacia, en otras para que ellos tomen aliento y rompan un poco el trepidante ritmo.

Hacer un perrito con globo con las manos en la espalda, saltar a la comba a toda velocidad hasta fallar, aguantar la vertical mientras el público te tira una lluvia de pelotas de plástico, saltar desde la espalda de un compañero a la del otro cada vez a mayor distancia, ver quién realiza más mortales seguidos. Son algunos de los ejemplos de los retos a los que se somenten, y por los que el perdedor tendrá que realizar alguna acción, o no, a veces el propio reto es un fin en sí mismo. No parece importarles, se están divirtiendo.



Y luego está la acrobacia. Que el ambiente distendido no distorsione la realidad. El nivel técnico es altísimo y parecen dominar muchas variantes a la vez: torres humanas donde el papel de ágil y portor se difumina e intercambia, mano a mano con un elegante Lachlan Harper como ágil, banquinas muy bestias con vuelos cruzados, un solo de verticales impresionante de Mieke Lizotte y el asombroso final con los "escomos" (esas figuras donde los portores balancean a las ágiles de sus extremidades, ver min 1:50 de la siguiente promo), que es un gran ejemplo de cómo sacar todo el jugo posible a un concepto.



Así es "A simple space", juego, mucho juego. Entre sus respiraciones, sudores y jadeos, amplificados para aumentar la cercanía, destaca la sonrisa permanente de los artistas, señal de que realmente están disfrutando con su trabajo, casi más que el público que asiste embelesado a sus diabluras. Todo un acierto por parte del Price programar a estos australianos locos en Madrid. Desde aquí animar a todo el mundo a que no se lo  pierdan si tienen la oportunidad, no se arrepentirán.


Ficha Artística (en la gira en Madrid):
  • Lachlan Binns
  • Jascha Boyce
  • Mieke Lizotte
  • Lachlan Harper
  • Jackson Manson
  • Jacob Randell
  • Martin Schreiber
  • Elliot Zoerner

lunes, 9 de octubre de 2017

Gumball, un chicle abrumador

Vale, por fin he podido ver Gumball, el último vídeo de Wes Peden (Rochester, NY, EEUU, 1990) y debo confesar que estoy abrumado. No he encontrado otro verbo. Resulta difícil definir lo que ha sido capaz de reunir en esos 60 minutos de vídeo, quizá lo mejor es empezar viendo el tráiler.


Bien, como se puede observar, sus vídeos siguen siendo muy "Peden", o al menos muy de su estilo de los últimos 5 años: clips cortos, edición cuidada, colores chillones, música indie, guiños a la subcultura y trucazos, una barbaridad de trucazos. Solo este minuto de malabares por sí mismo ya es muy revolucionario, por la cantidad de trucos diferentes y únicos que te lanza a la cara. Imaginad 60 minutos a ese ritmo.

Tiene varias secciones, intarcaladas todas por peculiares búsquedas en Google como "¿cuántos trucos debe tener un vídeo de malabares?" o "¿Sabe hacer Viktor Kee 4 aros en pancake?". Hay un par de secciones de él mismo llevando un truco al infinito, primero con una especie de lanzamiento de bola bajo el codo contrario (ver imagen de abajo) y otro con un toque que le da a la maza en el antebrazo. Es una muestra de la visión de Peden, coge una idea y la explota, la lleva más allá de lo que nadie hubiera imaginado. Además, el pack de descarga incluye una audioguía con comentarios sobre el vídeo, como ya hiciera en su vídeo para las mazas PX4 de Play, pero esta vez diseñada para ver a la vez que el vídeo.



Otra sección es un montaje burdo con trucos imposibles, como 7 mazas por la espalda, o aros rebotando por las paredes mientras desafían a la gravedad. Igual de curioso resulta otro en el que nos propone elegir nuestra propia aventura, y durante 2 minutos nos planta 28 vídeos diferentes en bucle. Por supuesto también tiene barbaridades técnicas con 5 mazas, muy centrado en los múltiplex, como para decir "sí, hago cosas raras pero también sigo siendo una bestia técnicamente". Que nadie se engañe, hay tramos donde uno piensa "buf, se le ha ido la pinza, esto no es ni estético ni interesante", pero era inevitable en Peden. Luego está la que ha sido mi sección preferida, una en la que simplemente se divierte. Enfundado en un horrible pijama Wes se lo pasa en grande y para hacerlo utiliza todo lo que se le ocurre: un coche teledirigido, una máquina de pompas de jabón, cintas de gimnasia rítmica, secadores y muchos malabares diferentes. Algunos son trucos absurdos, otros feos, otros impresionantes, pero nadie duda de que se se está divirtiendo mucho haciéndolo.

Lo importante de este vídeo es lo que se transmite. Tras verlo uno se da cuenta de que Peden juega en otra liga, su liga. Creo que nadie más puede ofrecer 60 minutos de material nuevo y único de tanta calidad. Surgen muchas preguntas al verlo: ¿dónde está su techo? ¿nunca se aburrirá de los malabares? ¿de dónde saca tanta creatividad? Esperemos que siga sacando vídeos de tanto en tanto, más que nada para responder a esas preguntas y para recordarnos dónde está él.



Nota: aunque nadie se lo crea, no es esta una entrada promocional, es que considero que lo que he visto está en otra escala muy superior a todo lo que se está haciendo en la actualidad en los malabares.
Nota 2: sí, yo soy aquél que dije que Peden no molaba.

viernes, 6 de octubre de 2017

Cuando la revolución llegó del Nórdico

Hace pocos días, el malabarista finlandés Sakari Männistö "Saku" ha publicado en su canal de Youtube la serie Juggledoll. Son 23 sketches de malabarismo interrumpidos por una simpática jirafa de peluche. Se trata, en conjunto, de un vídeo lanzado en 2006 en formato VHS, englobado dentro de Peapot, un colectivo que revolucionó los malabares de la época a base de vídeos. Uno no sólo alucina al ver el nivelazo técnico de Männistö, si no que también se asombra por la variedad de trucos que muestra. Son trucos de mucha investigación personal, que van más allá de lo que se veía por aquellos días y que nos revelan a una persona que es capaz de observar los malabares con otros ojos. Aquí os dejo el primer vídeo y la lista de reproducción con toda la recopilación de Juggledoll.




En aquella época uno sólo podía ver lo que hacían otros malabaristas de pocas formas: si entrenando en un punto de reunión (si existía en tu ciudad), yendo a ver espectáculos, asistiendo a encuentros y convenciones o viendo alguno de los escasísimos vídeos que circulaban. Entonces esos vídeos eran más bien poco variados: de malabaristas americanos (producidos por la IJA) con su monotemático estilo, de alguno de los grandes como el joven Gatto, educativos simplones o vídeos piratas de espectáculos grabados con pulso de anciano desde la última fila (algunos de esos se están rescatando también por Youtube). Hubo una pequeña pero relevante excepción, los vídeos Caught Clean (1996), inspirados y realizados por skaters, protagonizados entonces por un frenético Sean McKinney (D.E.P.). Por suerte también se han liberado para el disfrute general:



En Peapot se juntaron una serie de malabaristas finlandeses y algún amigo invitado allá por 1999 y 2000. Gente como Maksim Komaro, Ville Walo, Nakkinen o el mismo Saku, con Jay Gilligan como invitado estrella, decidieron hacer unos divertidos vídeos temáticos de malabares puros. No eran actuaciones ni entrenamientos, eran ellos mostrando los trucos que habían investigado, ya fuera en la calle o en extraños escenarios, todos con toques de humor. Muestran además una curiosa querencia por los patrones repetitivos y tienen además el detalle de escribir el nombre del artista en el que se inspiraron para hacer algunos trucos.

Tienen vídeos dedicados a los aros, como "Cooking Fat"; a los malabares de rebote, "The Big Bouncer Show"; de mazas, "Radical Club News" o a trucos que implicasen la cabeza como "Headache".  Hay uno especialmente llamativo: 3b Different Ways (3 pelotas en diferentes formas), donde sacan más de 45 minutos de patrones diferentes de 3 bolas, dejando constancia de lo infinito que es el universo malabar.



Eran un grupo de jóvenes que mostraban los malabares en estado puro, sin accesorios. Demostrando que uno podía divertirse enormemente investigando patrones. Uno ya no tenía por qué dedicarse al circo para hacer malabares a alto nivel, ni tenía que repetir una y otra vez las rutinas que se estaban haciendo desde hacía décadas. Este grupo de gente estaba investigando los malabares sólo por el placer de hacerlo, por ver a dónde les llevaba. Esto abrió la vía de lo que Jay Gilligan describió como el "estilo nórdico", donde se conjugaba un gran nivel técnico con muchas horas de investigación. Era (y es) un malabarismo menos corporal y expresivo que el francés, pero igualmente revolucionario. Hoy en día alguno de sus trucos puede seguir pareciendo raro o que no va a ir más allá, pero otros claramente siguen siendo modernos y muy originales. No en vano, ellos hicieron populares los "legos" con mazas.


Somos afortunados de que hayan decidido publicar todo este trabajo de forma abierta y que así todos lo podamos disfrutar. Larga vida a Peapot y al malabarismo nórdico, que sigue teniendo su estilo propio.