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martes, 12 de enero de 2021

Entrevista a Selyna Bogino

Selyna Bogino (Galliate, Italia, 1990) acaba de finalizar sus actuaciones en el espectáculo de Navidad del Teatro Circo Price de Madrid. Ha sacado un hueco para una entrevista que por diversas circunstancias se tiene que hacer en videollamada. Selyna se muestra alegre y sonriente en todo momento; también reflexiva, dice las cosas con la misma seguridad que muestra en el escenario, ese espacio para el que parece haber nacido y que seguramente su linaje ayuda a que se sienta tan a gusto.

Y es que, aunque suene a tópico, por las venas de Selyna corre sangre cirquera. Es hija de Consuelo Reyes (“la mejor antipodista del mundo”, afirma ella) y de Paolo Bogino, un acróbata de bicicleta y artista cómico. A su vez es nieta de Tito Reyes, uno de los mejores verticalistas españoles de todos los tiempos. Ella representa una especie casi en extinción en estos tiempos de boom cirquero: la artista de familia circense, acostumbrada a mil viajes desde niña y a aprender directamente en casa, sin pasar por escuelas ni talleres.

Tras una infancia centrada en el entrenamiento y desarrollar un número propio, Selyna lleva más de 10 años actuando en los principales circos y teatros de Europa, y siendo premiada en festivales como el Festival Internacional del Circo Nikulin, de Moscú . Con esa trayectoria, este año 2020 se le ha hecho especialmente duro, ya que ha estado de febrero a diciembre sin poder actuar, algo inaudito para alguien como ella, acostumbrada a un continuo viajar. 

Selyna actuando en el Price. Foto: Gaby Merz


¿Cómo fueron tus inicios? ¿Elegiste libremente hacer antipodismo?
Yo empecé a los 6 años, primero mi padre me instruyó en las bases del circo: equilibrios, verticales, acrobacias, etc. Pero pronto elegí el antipodismo y por muchos años solo hice eso. Lo elegí libremente: “yo quiero hacer antipodismo como mamá”, decía de niña. Aunque si hubiera sabido entonces que mi madre era la mejor antipodista del mundo igual me lo hubiera pensado (risas). 

¿Cómo fue tu aprendizaje? ¿Es cierto lo que dice tu madre de sí misma, que no es buena profesora?
(risas) Sí, es cierto. Su estilo de ser profesora no iba bien con mi carácter de niña. Yo era muy contestona y ella se había criado con mi abuelo, que hablaba mucho y al que no se podía contestar. A los dos días dejó de entrenarme, “con ella no puedo, voy a ser su madre y no su profesora”, dijo. Entonces me enseñó mi padre desde el principio.

También mi abuelo me ha enseñado cosas. Él me enseñó los equilibrios. Yo empecé a hacer verticales a los 6 años pero, aunque tenía muy buena postura, nunca conseguía quedarme quieta sin apoyo. Mi padre se enfadaba pensando que era algo personal y lo hacía aposta. A los 17 años estaba harta y se lo dije a mi abuelo. En un mes aprendí la vertical sin apoyo, murió ese mismo año, es lo que me ha dejado a nivel técnico. También me ha dejado todo el amor por el circo, del que era un completo enamorado. 

Selyna, a los 12 años, ensayando en la sala Tigerpalas Varieté (Alemania)

Selyna, en sus primeros contactos con el antipodismo


¿Y te han enseñado algo sobre cómo estar en escena?
No, creo que es natural en mí. Nunca pensé que iba a estar tan a gusto actuando. Yo era muy seria antes de actuar, no sonreía, pero en mi primera actuación me salió una sonrisa natural.

¿Has sentido presión por ser hija de Consuelo Reyes?
No. Tuve suerte porque mi madre siempre me estuvo apoyando. Me dijo de no hacer caso a las comparaciones, que la gente que las hace solo buscan disgustarte. Ella ya lo había vivido en su familia, porque mi tío (Rodolfo Reyes) hacía el mismo número que mi abuelo (Tito Reyes). Siempre me dijo: “tú haz lo que quieras. Si hay algún truco que quieras hacer hazlo por ti, no para compararte con otro artista , ni siquiera por el público. Haz lo que te dé la gana”.

¿Has llegado a trabajar con ella?
Sí, mi primer trabajo fue con ella, en 2005, en Alemania, en un teatro muy pequeño muy bonito, el Varieté Pegasus. Era un poco raro porque yo hacía mi rutina y luego salía ella y hacía la suya, aunque mi estilo era diferente, más moderno, era básicamente la misma rutina. Después explicaban al público que éramos madre e hija y ya todo el mundo aplaudía y lo entendía. 



¿Qué es lo que más te gusta del antipodismo? ¿Y lo que menos?
Lo que más, los balones, es con lo que empecé y lo que mejor se me da. Lo que menos, el rulo grande, es pesado y me da miedo, aunque no sea complicado. Nunca he probado objetos grandes, una vez probé una pandereta de mi madre y solo de ponérmela en los pies no me gustó.

¿Has intentado hacer toda la rutina de tu madre? ¿En qué os diferenciáis?
A mí se me dan mejor los balones, hago todos los trucos que ella hace y algunos más. Es normal, porque yo empecé con los balones directamente. En cambio ella ha practicado con muchos objetos diferentes y tiene trucos que yo no quiero ni intentar. Por ejemplo, ella tiene una rutina con 4 rulos que no voy a hacer nunca, solo por la cantidad de horas que requiere de entrenamiento y el poco resultado que tiene para el público. 




¿Por qué crees que el antipodismo es una disciplina mayoritariamente de mujeres?
Como tantas cosas en el circo, por tradición. Como solo se ven mujeres practicándola, se piensa que para mujeres; pasa lo mismo con los hula hoops. Pensando con una mentalidad antigua y que yo no comparto, tiene una cosa femenina, estética. Antes podían pensar: tenemos una chica guapa, que haga antipodismo. Un hombre que hace antipodismo tiene que hacer algo más, no solo vamos a mirarle las piernas (risas).

¿Tienes objetivos marcados en tu rutina?
Sí, tengo una rutina con dos rulos que quiero meter en mi número, pero aún no sé bien dónde encajarla porque mi número ya es muy largo. Por otro lado me gustaría experimentar un poco en el antipodismo, mezclarlo con otras disciplinas como la danza, o con otros artistas. Creo que con el antipodismo se ha experimentado poco y puede ser interesante.

¿Qué otras disciplinas practicas o te gustaría practicar?
Tengo un número de hula hoop desde 2010. Al principio lo hice porque vi que a muchos artistas les pedían un segundo número y pensé que sería fácil de aprender y tener una rutina. Algo sencillo, un poco de coreografía, un traje bonito, presencia y ya. Pero al poco de practicar empecé a ver vídeos y otros números y ahora al final tengo una rutina que tengo que practicar a menudo para que me salga en escena (risas). La verdad es que el hula ha evolucionado mucho y hay artistas haciendo cosas increíbles. Yo estoy contenta con lo que hago, aunque no sea top. 




De otras disciplinas, siempre me ha gustado mucho el alambre. De hecho me hubiera gustado practicarla desde más pequeña para poder dominarla. Quizá hubiera sido mi número, me gusta mucho. Las verticales también me gustan mucho, pero no como para hacer una rutina, llevo 10 años intentando sacarme la vertical a una mano y todavía no lo he conseguido (risas).

En tu canal de Youtube tienes algunos vídeos históricos, ¿te interesa la historia del circo?
Los subí porque he tenido discusiones fuertes con algunos colegas sobre números que se habían hecho. Sobre todo con colegas de países de la antigua URSS. Ellos apenas conocían cosas de fuera y nosotros apenas conocemos cosas suyas. Yo conocía esos números por mi familia y decidí subirlos para mostrarlos.

¿Cómo ves el circo actualmente?
En el circo actual echo de menos que no está tan centrado en la técnica, a pesar de que adoro las coreografías y el baile. Lo veo todo muy parecido. Ahora con saber un poco de una disciplina parece que ya puedes trabajar. Antes un número no era solo el número, era el artista que lo llevaba, era el nombre de ese artista. No te gustaba un número, te gustaba el artista. Creo que eso también se está perdiendo, lo echo de menos, igual que la personalidad. Se ha vuelto diferente. Para despertar la personalidad se requiere tiempo, requiere trabajar mucho sobre ti mismo, estar muy seguro en lo que haces y avanzar. Eso hoy en día es muy difícil. 



Las escuelas de circo han traído mucha innovación, pero a la vez tienen el problema de que van investigando sin parar, como sin centrarse. No pierden el tiempo en hacer algo que pueda quedarse 10-20 años en el mercado, hacen cosas para 5 años como mucho, luego lo van a cambiar, ya sea los trucos, los movimientos o el vestuario. También el mercado es diferente, te pide esas cosas. Ahora te cambian el traje, la música, te piden otros elementos, etc. Por un lado me alegro, porque a veces te hace probar cosas y te empuja afuera de donde estás acostumbrada y puedes descubrir cosas nuevas que te gustan, y eso te hace mejorar. Pero a la vez tengo colegas que nunca han tenido un número suyo, tienen una rutina y en cada show se lo cambian, es una locura.

En 2011 un vídeo tuyo con 5 balones se volvió viral y ahora tiene más de 1’8 millones de visionados. ¿Qué te ha cambiado ese vídeo?
Me ha abierto mundo, sin él yo nunca hubiera actuado en mi primera convención de malabaristas. De hecho fue muy gracioso. Yo no sabía lo que era una convención y ellos no sabían que yo existía. Tras el vídeo, Davide, uno de los organizadores de la Convention di Giocoleria della Brianza me contactó por Facebook en inglés, ofreciéndome vuelos y alojamiento. Le contesté en italiano explicándoles que vivía a 70 km y podía ir en mi coche (risas). Después he actuado en la EJC de Toulouse en 2013 y en Brianza de nuevo en 2016. Este año tenía que haber vuelto a actuar con una nueva rutina, pero por la pandemia se ha suspendido. 




¿Practicas otros malabares?
No, soy horrible (risas). Hago 3 bolas y mal. Y eso que mi hermano es malabarista y al irse de casa se dejó muchos aparatos aquí. Durante el confinamiento quise practicar pero vi que se me da fatal, no entiendo qué está pasando con los objetos. Me di cuenta de que el antipodismo es más equilibrios que malabares realmente. Lo hablé con mi madre y a ella le pasa igual.

Hablando de tu hermano (el malabarista Dany Reyes), estáis actuando juntos en el Price, algo que tu madre en alguna entrevista hace años confesó que era un sueño para ella.
¡Es mágico! Antes solo habíamos actuado una vez juntos, en los EEUU, y porque los dueños eran nuestros amigos. Para nosotros es mágico, está la foto de nuestro abuelo en los pasillos. ¡Y encima el año del coronavirus que ha habido tan poco trabajo! Estamos muy emocionados y mi madre contentísima. La pena es que ni ella ni mi abuela no han podido venir a vernos, era demasiado complicado. Al menos le mandamos muchos vídeos, hasta de los ensayos. 


Arriba: Selyna (dcha) posando con su hermano Dany reyes antes de una función del Price
Abajo: Selyna (dcha) y su hermano posando con la fotografía de su abuelo en el Price


Mi madre fue premio nacional hace 2 años y apenas ha actuado en España, siempre quiso actuar en el Price. De hecho ella iba a haber actuado en el show inaugural de este nuevo Price pero por contratos no pudo ir. Yo tampoco iba a poder inicialmente, pero se canceló mi otro contrato y he podido venir. 


¿Cómo ha sido este año para ti? ¿Te has llegado a plantear cambios en tu vida?
Sí, ha sido un año muy duro porque en febrero actué por última vez y luego se me cancelaron todas las actuaciones. Cuando me llamó Perfordance para actuar en el Price y empezamos los ensayos en noviembre yo tenía miedo de que también se cancelase, porque le había pasado a algunos compañeros. Durante estos meses he seguido entrenando y haciendo algunos talleres online, pero me he llegado a plantear si debía hacer alguna otra cosa para vivir. Por suerte he vuelto a trabajar y he vuelto a entender lo mucho que me gusta.

¿Cuáles son tus planes de futuro?
Ahora mismo me quedaré en España una temporada más para entrenar con una colega en Valencia. Luego quiero hacer algo nuevo con mi número, trucos nuevos, mezclar disciplinas… Por otro lado, este es el tercer circo estable en que he trabajado, me gustaría algún día trabajar también en el Cirque D’Hivern de París. También me gustaría trabajar con algunos amigos que, por circunstancias de este oficio no vuelves a ver en muchos años. No me importa mucho dónde, mientras te lleves bien con la gente, se pueda trabajar y estar tranquila, está bien, y ya si tiene playa, perfecto (risas).





Imágenes cedida por la artista, salvo la indicada de Gaby Merz

Más información:

jueves, 7 de enero de 2021

Un top 40 diferente

 

El pasado 31 de diciembre se publicó la lista completa del Top 40 Jugglers de 2020, organizado por Luke Burrage. No hay más que echar un vistazo rápido para observar una gran diferencia, ¿lo notáis?


El Top 40 es un ranking de los malabaristas más populares del año, que organiza desde hace 12 ediciones el malabarista inglés Luke Burrage. Se basa en votaciones que hace la gente en los comentarios del vídeo donde se anuncia en Youtube. Hasta este año, la votación había consistido en que cada uno podía poner 10 nombres a su libre elección. Luke siempre ha insistido por activa y por pasiva en que no se trata de una clasificación de los malabaristas que uno considere mejores a nivel técnico, sino de los que más le hayan gustado a uno ese año por el motivo que sea. No es un ranking de calidad técnica, sino de popularidad. 

Lo cierto es que es una clasificación muy esperada cada año por toda la comunidad circense, porque siempre se descubren nuevos talentos y porque siempre queda la duda de si alguien podrá ese año derrocar a Wes Peden de ese primer puesto que ha conquistado tantas veces. Pero este año, ya desde el anuncio del ranking, Luke avisó de un pequeño gran cambio:


Efectivamente, este año no se podrían votar 10 malabaristas y punto, sino que aparecía una nueva regla: solo se podía votar un máximo de 5 hombres y 5 mujeres. ¿De dónde viene este cambio? Hay que remontarse al 1 de diciembre de 2020, cuando la malabarista alemana Ariane Oeschner hizo esta propuesta en el grupo de Facebook Juggling Home, punto de reunión para malabaristas muy popular en esta red social: 

 


 Traducción (libre): ¿qué pasaría si por los próximos años aplicamos una cuota de mujeres al top40? (...)

Lo que parecía una cuestión inocente desató una cascada de más de 500 comentarios, donde mucha gente (mayoritariamente hombres) se rasgaba las vestiduras alegando que eso era alterar la clasificación y que sobre-representaría a las mujeres malabaristas, que en realidad son menos numerosas. En el post se podía una gran diversidad de opiniones: hombres y mujeres que aplaudían la iniciativa ya que esto daría más visibilidad a las mujeres malabaristas y consecuentemente animaría a más mujeres a practicar y entrenar; mujeres (algunas tan relevantes en el mundillo como la estadounidense Delaney Bales) que rechazaban la división pues no querían ser reconocidas "por ser mujer" sino por el resultado de su esfuerzo y entrenamiento; otras mujeres (como Taylor Glenn, otra conocida malabarista de los EEUU), que explicaban que el sexismo en el malabarismo existe igual que en el resto de aspectos de la vida, que una mujer en este ambiente lo tiene más difícil (dando ejemplos de sus propias experiencias) y que las quejas airadas de muchos hombres en esa discusión no hacían más que darle la razón, por lo que esta "cuota" la encontraba muy necesaria. Otras voces se preguntaban si no sería mejor hacer un top 40 de mujeres y otro de hombres, y algunas personas cuestionaban el cambio alegando (forzando un poco el discurso, hay que reconocer) que también habría que hacer cuotas de otras minorías como personas no-binarias, razas, gays, etc. Quien tenga un rato puede leer todos los comentarios aquí: 

 

https://www.facebook.com/groups/JugglingHome/permalink/3387398994818026


El hecho de que una simple cuestión haya generado un debate tan intenso no hace más que reflejar que hay un problema aún por resolver con el sexismo en los malabares. Es cierto que es una disciplina circense mayoritariamente practicada por hombres, sobre todo a nivel profesional. Esto no debería suponer un problema, ya que cada disciplina, al igual que cada profesión, tiene sus ratios (hay más mujeres en los aéreos, más mujeres antipodistas, más mujeres que practican hula hoop, etc). El problema surge cuando esta diferencia implica que una mujer tiene que esforzarse más para conseguir los mismos resultados que un hombre, lo cual parece suceder. No hay más que ver el número de mujeres que aparecían en el top 40 en los últimos años

2014: 3

2015: 3

2016: 1

2017: 5

2018: 8

2019: 9

Consciente del maremoto que genera este cambio en una "institución" como es el Top 40, Luke en su vídeo del 1 de diciembre insiste en que es un experimento para divertirse y que todos tengamos en mente que de este experimento podremos aprender si no sale bien. Lo hace, dice, por ser un pequeño aporte para tratar de reducir las desigualdades en el mundo del malabarismo. 

 


 ¿Y cuál ha sido el resultado? Pues un top 40 con muchas más mujeres (21, para ser exactos), con muchas nuevas entradas y más diversidad de estilos. Además, ha sucedido lo impensable, tras años de reinado absoluto, el primer puesto ha sido para alguien distinto a Wes Peden, en este caso la mencionada Delaney Bayles. De hecho hay 6 mujeres entre los 10 primeros, 2 en el top 3. Tras la publicación del vídeo final, Luke hizo un vídeo en directo para responder preguntas y ha emitido un largo comentario para explicar los resultados desgranados en distintas estadísticas muy interesantes. En este comentario también hace referencia a si bien los malabares entendidos como deporte y técnica pura sí parece que hay una ventaja física por ser hombre, el malabarismo es mucho más que eso y este ranking es solo de popularidad, por lo que los géneros deberían estar distribuidos de forma más equitativa.


Queda como incógnita saber si este cambio ha llegado para quedarse. Lo bueno es que ha servido para ver a más mujeres haciendo malabares y descubrir a nuevos talentos. También para mostrar que aún hay que trabajar un poco el sexismo en el ámbito de los malabares, porque tanto comentario indignado por un ranking que no deja de ser privado y que Luke elabora solo por amor al arte, solo refleja que hay camino por andar. Lo cierto es que también es enriquecedor ver en un mundo tan pequeño como el del malabarismo debates sobre cuotas, géneros, injusticias y demás. Lo que parece claro es que si se realizan más acciones de visibilización de la mujer, sin caer en cuotas o discriminaciones positivas abusivas, pronto no harán falta porque ya estaremos más acostumbrados a ver los malabares más allá del género y la distribución se igualará sola.

Delaney Bayles. Foto: Emory Kimbrough

 Desde aquí mi reconocimiento a Luke por organizar cada año el Top 40 de manera totalmente desinteresada y atreverse a hacer pequeños cambios que, salgan bien o mal, solo pueden enriquecer a los malabaristas.


sábado, 12 de diciembre de 2020

"El Vuelo Circular", un documental nacido de las circunstancias

El pasado 9 de diciembre se estrenó el documental “El Vuelo Circular”, creado por Circontinentes, organizadores del Festival Iberoamericano de Circo (FIRCO). Dado que este año se tuvo que cancelar la tercera edición del festival debido a la pandemia por el coronavirus, los organizadores decidieron seguir ofreciendo circo pese a las circunstancias.



La idea era reunir a cinco artistas o compañías iberoamericanas, cuidando siempre la diversidad de orígenes, disciplinas y géneros. Cada compañía sería grabada actuando en un espacio significativo de la ciudad de Madrid, además de ser posteriormente entrevistada para conocer sus reflexiones y puntos de vista sobre diversos temas. Gracias a este formato, Circontinentes ha podido seguir apostando por el circo iberoamericano y sus artistas, reivindicando además la cultura en tiempos difíciles y la ciudad de Madrid como destino cultural. Los artistas seleccionados y espacios escogidos fueron:

Andrea Ríos (Foto: Gaby Merz)


Aimé Morales (Venezuela) – Rueda Cyr y clown – Palacio de Cibeles

Andrea Ríos (Colombia) – Suspensión capilar – Teatro Circo Price

Cía Trocos Lucos (España) – Báscula coreana – Frontón Beti-Jai

Marco Motta (Brasil) – Straps y contorsión – La Tabacalera

Dulce Duca (Portugal) – Malabares – Matadero Madrid.


A continuación, podéis ver los teasers de cada uno de los artistas en esta lista de reproducción:



Este documental se ha realizado en coproducción con el Teatro Circo Price, sede de las dos primeras ediciones de FIRCO y que iba a acoger también la tercera. También se han rodeado de un equipo técnico como Jesús Nicolás encargado de grabación, dirección y montaje; Jorge Bartolomé, guionista y codirector; y Sergio Pradana, ayudante de grabación y montaje. Para la narración se contó con la voz de la actriz Inma Cuevas, y la banda sonora original está compuesta e interpretada por Miguel Rodríguez y Susana Pérez, incluyendo también temas de Ombligo Band, Colectivo Panamera y Tremenda Jauría

   
Trocos Lucos (Foto: Gaby Merz) 


El documental sobre circo es un formato aún por explorar, ya que hay escasos ejemplos de producciones con calidad y alcance suficientes. Tras el visionado de “El Vuelo Circular” se constata que es un terreno que puede dar lugar a muchos y sabrosos frutos. El circo tiene una idiosincrasia propia, con un sentimiento de comunidad, de familia, entre sus integrantes, poco habitual en otras esferas de la cultura. El circo, como otras artes escénicas, exige un esfuerzo y sacrificio muy importantes, que lleva a generar a sus artistas dudas razonables sobre si merece o no la pena. Además, se suma la exigencia física tan alta que requiere, lo que con la llegada de las posibles lesiones ahonda aún más en estas vacilaciones. 
 
Dulce Duca (Foto: Gaby Merz)
 
 
El circo, curiosamente, tiene unos límites difusos, y tiene una capacidad inmensa para abrazar, absorber y acoger otras artes bajo su paraguas. Por eso la propia definición de circo se vuelve compleja. Todas estas cuestiones son abordadas dentro del documental, respondidas por sus propios protagonistas, dando cada uno su visión sincera y honesta. Esto enriquece enormemente el film, ya que pocas veces podemos disfrutar de la voz de los artistas hablando fuera del escenario, pero sobre su propio mundo. 
 
Marco Motta (Foto: Gaby Merz)

 
 
Aquí podéis disfrutar del documental completo:



Libro de fotografías
Aprovechando la singularidad de este proyecto, nacido para sustituir este año a FIRCO, se quiso tener registro gráfico de todo el proceso. Para ello se contó con las cámaras de Gaby Merz, fotógrafo especializado en circo. Dada la cantidad y calidad de material recogido, se decidió realizar un libro de fotografías que lo recopile. Nace así “El Vuelo Circular”, libro homónimo al documental y donde se puede disfrutar de impactantes imágenes de las actuaciones, de los espacios y también de fotografías tras las cámaras, retratos, etc. Un homenaje a los artistas y las localizaciones recogidos en una cuidada y limitada edición.
El libro se puede conseguir a través de la página de FIRCO.






Nota: el autor de este blog es miembro de Circontinentes

 

lunes, 2 de noviembre de 2020

El libro que viaja por la historia del malabarismo

El malabarismo lleva con nosotros desde los inicios de la Historia. Al ser humano siempre le ha fascinado eso de desafiar la gravedad lanzando cosas al aire para luego recogerlas. Manipular objetos a base de técnica y habilidad para que realicen movimientos aparentemente imposibles, simplemente por ocio o para entretener a otros, incluso en forma de juegos o rituales; todo eso forma parte de nuestra cultura ya desde la Antigüedad.

Portada del libro
Como le ha ocurrido a otras artes escénicas, el malabarismo parece haber surgido en diferentes culturas de la Antigüedad  de forma independiente. También como le ocurre a la música o la danza, es difícil encontrar registros de esos primeros malabares. Esto es lo que motivó a Thom Wall, malabarista profesional, a escribir un libro de historia del malabarismo: "Juggling: from Antiquity to Middle Ages. The forgotten history of throwing and catching" [Malabarismo, desde la Antigüedad a la Edad Media. La historia olvidada de lanzar y recoger] autopublicado por su propia firma, Modern Vaudeville Press.


Thom Wall


No es el primer libro de esta temática, pero como apunta su autor "hay muchos escritos maravillosos acerca de historia del malabarismo, pero muy pocos con un estilo académico (...), quería ver un libro que informase sobre sus fuentes y que citase los textos originales siempre que fuera posible". Así, este libro es un precioso buceo en múltiples referencias, de las que Wall ha conseguido un texto riguroso y completo, sin perder la capacidad de entretener. Quizá en algunas páginas, el exceso de notas al pie distraen del texto principal, pero el hilo se mantiene sin problemas, ya que es fluido y lleno de curiosidades; además de contar con preciosas ilustraciones y fotografías de diferentes hallazgos arqueológicos.

Juggling, from Antiquity to Middle Ages, es un divertido viaje por países, por épocas. Desde el Antiguo Egipto y sus ya famosas malabaristas profesionales de la tumba nº 15 de Beni Hasan, a los juegos para niñas de la isla de Tonga y otras zonas del Pacífico Sur; pasando por los edictos del rey Alfonso X de Castilla sobre la regulación de los juglares o los antipodistas aztecas actuando ante el Papa Clemente VII en el siglo XVI.

También reserva un espacio al final del libro para, aprovechando su faceta de lingüista, realizar unas reflexiones acerca de la propia definición de la palabra "juggling"[malabarismo] a lo largo del tiempo y sus orígenes.

Antipodistas aztecas

Es, por tanto, un libro ideal no solo para malabaristas o cirqueros, sino para cualquiera con curiosidad sobre la historia, en especial de aquellos hechos que en ocasiones pasan más desapercibidos en los textos cotidianos. A través de este libro aprendemos sobre leyendas y juegos antiguos, fantaseamos con grandes artistas y actuaciones que nunca podremos ver y que nos hacen dudar sobre esa tan manida sentencia que a veces afirma "esto nunca se ha hecho antes".

Malabarista y músico en iconografía de manuscrito de 1260 "ADD MS 62925 - British Library"




Imágenes cedidas por Thom Wall

Actualización 31 de octubre de 2020: 
Ya está disponible la versión en español traducida por Ximo Sanç i Silvestre y Andrés Aguilar Larrondo. A partir de ahora todos los hispanohablantes podremos disfrutar de Malabares desde la Antigüedad hasta la Edad Media, la historia olvidada de lanzar y cachar, disponible también en Amazon y en la web del autor. 



Es de agradecer que Thom Wall se haya tomado la molestia de traducir su libro al español, algo muy poco frecuente en la literatura circense. 

 
Otros enlaces de interés:
PD: personalmente me ha hecho ilusión descubrir que Thom ha utilizado en el libro una definición de malabarismo que le grabé a Kris Kremo en esta entrevista

martes, 29 de septiembre de 2020

Once años y aquí sigo

Once años y aquí sigo, escribiendo. 

Escribiendo un blog, que suena ya a anacronismo. 

Yo a veces me lo planteo, ¿alguien todavía lee blogs? Con lo que a mí me gusta como medio y los que consumo de forma consciente o insconsciente, me resisto a pensar que ya no se leen, aunque es obvio que han perdido protagonismo. Tengo la impresión -y esto va a sonar a perorata de señor mayor- de que el consumo de internet viaja desbocado en una aceleración constante. Hay mucha, muchísima, casi demasiada información, tanta que a veces dificulta encontrar lo que uno quiere. Las redes sociales van mutando y van ganando protagonismo aquellas que presentan información en forma de imágenes o vídeos de 15 segundos, no sea que nuestra limitada atención se sature. Todo lo que dure más parece condenado. Paradójicamente, esto convive con el éxito de unos youtubers que te plantan vídeos de 2 horas en el que comentan otros vídeos y hablan muchísimo. Así, en esta situación, tengo la impresión de que los blogs quedan como reducto para puretas y aquellos que aún disfrutan leyendo de vez en cuando. Pero oye, aquí seguimos.

Y es que este año, que parecía que se iba a presentar movido, llegó marzo y se fue todo al garete. Una pandemia global que ha puesto en jaque a nuestro queridoperonocuidado sistema sanitario, del que formo parte. Una vorágine de incertidumbre, caos, cambios de protocolos y malas noticias que aumentó el estrés laboral del colectivo hasta límites insospechados. El drama de las historias que ibas escuchando cada día. La rabia por la inutilidad de la clase dirigente y la premeditada confusión que generan los negacionistas. Esta pandemia que sigue, rebrota y nos pilla, quién lo diría, nuevamente desprevenidos, sin haber hecho los deberes. 

Una pandemia que ha arrasado con la cultura, dejándola en un tercer plano cuando sigue siendo muy necesaria; y con el circo, que aunque algunos han podido volver a actuar, la mayoría de los profesionales afrontan una crisis histórica en los meses venideros. El circo sobrevivirá, como siempre ha hecho, pero habrá que ver de qué forma se adapta a los cambios y si muchos se quedan por el camino. Desde aquí intenté aportar un pequeño grano de arena en forma de dos concursos durante el confinamiento para aliviar el encierro y demostrar que el circo no se para, y vuestra respuesta fue extraordinaria. 

Curiosamente, 2020 lo recordaré siempre como un año feliz y lleno de ilusión. ¿El motivo? Hace casi dos meses que ya somos cuatro personas en casa y eso, pese a la falta de sueño, hace que todo se vea desde un prisma más positivo. Para rematar el año, en el horizonte cercano se avistan una mudanza, que espero sea la definitiva, unas oposiciones y la defensa de una tesis. Quién dijo miedo.

Como véis, un año tranquilo y reposado, lo que este blog necesitaba. "Y sin embargo, se mueve", que diría Galileo, el número de entradas ha sido similar a los años previos y parece que esta es la velocidad de crucero del blog. Incluso he inaugurado recientemente mi página en Instagram, en plena contradicción con lo escrito en el primer párrafo. Será otra forma más de compartir las cosas que me gustan de forma más inmediata y cuando no tengo tiempo para escribir entradas largas. Espero que lo sigáis también ahí y os guste lo que veáis.

Nos seguimos leyendo por estos lares, que igual más pronto que tarde hay novedades.

¡Salud (ahora más que nunca) y mucho circo!

 


 

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Patrocinando al próximo malabarista

 Modern Vaudeville Press es una pequeña editorial independiente nacida en Philadelphia de la mano de Thom Wall, un malabarista y escritor tremendamente inquieto. Su catálogo está especializado en libros sobre malabares, circo y otras artes escénicas similares, alguno de los cuales ya he comentado por aquí


Este pasado mes de agosto han comenzado con una interesante iniciativa: regalar conocimiento. Han creado kits de iniciación a los malabares completamente manufacturados y los están repartiendo por espacios y bibliotecas gratuitas de su localidad. Estos kits constan de 3 pelotas de plástico reciclado rellenas de sal y una breve hoja de instrucciones sobre cómo aprender a hacer malabares.

Todo comenzó por un anuncio del Flea Theater de New York en el que ofrecía hasta 75000 pelotas de plástico. Thom solicitó 4000 tras echar cuentas sobre cuántas cabrían en su coche y, tras el sí de la compañía, viajó para recogerlas. Al principio sin un objetivo claro, pero tras hablarlo con sus amigos Benjamin Domask-Ruh y Ross Berenson, tuvieron la idea de regalar kits de malabares a través de ese fenómeno creciente de EEUU que son las pequeñas bibliotecas públicas. En estos momentos de pandemia, algunos artistas ligados a esta editorial se encuentran sin apenas trabajo, por lo que han decidido dedicarse a realizar estos kits. También han recibido la ayuda voluntaria de compañeros como los de Funicular Juggling. "Ahora mismo somos 8-9 personas implicadas en todo Philadelphia, pero quien quiera apuntarse será bienvenido" comenta Wall. 

 

El objetivo es "crear comunidad a través de los malabares". Y parece que lo están consiguiendo. Ha despertado el interés de otros malabaristas del país y de todo el mundo, con los que ya mantiene contacto para expandir la idea. "Por ahora no ha contactado con nosotros ningún receptor de esos kits, pero esperamos recibir noticias pronto ya que en muchos sitios hemos tenido que reponer hasta 3 veces".

Si quieres ayudar a esta iniciativa puedes difundirlo o también colaborar económicamente para pagar algunos de los gastos fijos que tienen (sal, cinta adhesiva, impresiones, etc) puedes acceder a través de su página:

https://thomwall.com/mvp/sponsor/

domingo, 30 de agosto de 2020

20 años de salsa chimichurri

 "Ponemos como fecha de inicio el 20 de agosto de 2000 porque fue la primera que reunimos un buen corro y recaudamos una gorra digna (3000 pesetas), antes solo fueron fracasos" recuerda divertida Marina Benites (Comodoro Rivadavia, Patagonia Argentina, 1981). Ella, junto a Rafa Dante Rúa (Sarmiento, Patagonia Argentina, 1979) forma la Compañía Chimirrurri, que acaba de celebrar su 20º aniversario, que se dice pronto. Y lo han hecho, cómo no, en la carretera, trabajando en un bolo


Curtidos en los espectáculos callejeros y para público familiar, ellos explican que es donde más cómodos se sienten. "Nos gusta especialmente cuando vamos a los pueblos y salen absolutamente todos de sus casas para vernos, desde la más pequeña a la abuelita más anciana". Y subrayan lo impredecible y la frescura de actuar en calle: "te acerca mucho más al público, de hecho, la actuación pasa a depender del público, haciéndolo muy diferente de un teatro".

Y es que son 20 años donde han realizado incontables actuaciones en decenas de países, y que dan para miles de anécdotas, como la de su primera actuación real en el Parque del Retiro de Madrid, que recuerda Marina: "yo tocaba un djembé (que no sabía tocar) mientras Rafa hacía un número de diábolo, así empezaba nuestro 'espectáculo'. No se paró nadie y nos fuimos a casa con las manos vacías".  O la rocambolesca historia que destaca Rafa: "Estábamos en 2002 en fiestas de Santander con nuestros amigos Tommy y Nati, nos pusimos a actuar en una calle cortada del barrio portuario. Ya teníamos un buen corro de gente cuando un conductor con claros signos de ebriedad quiso pasar por la calle, teniendo que apartarnos y llegando a atropellar una de nuestras mazas (que aún conservamos). Nos enfadamos mucho y el público nos ayudó a pararlo, yo me subí al capó con el amplificador a decirle cosas, él se puso a gritar y Marina acabó dirigiéndole un uppercut a través de la ventanilla abierta. Después se bajó y acabó viniendo la policía municipal (sus amigos, avisados por él y unos conocidos), y la policía nacional (avisada por nosotros). Al final acabamos Marina y yo en la comisaría de la policía local, sin multa eso sí, y él se fue de rositas".


 

Primeras actuaciones en El Retiro, año 2000

En este tiempo han superado dificultades como esos primeros bolos desastrosos o averías técnicas de lo más variado. También la vuelta de Rafa durante unos meses a su Argentina natal: "creía que era lo mejor para mí proyecto familiar en ese momento, pero después de un tiempo y de mucho sacrificio en el aspecto laboral decidí volver. Es increíble y admirable lo que tiene que hacer un/a artista para ganarse la vida en Sudamérica", comenta Rafa. Además han conseguido superar un reto aún más complicado: mantener la compañía pese a terminar su relación sentimental. "La verdad es que desde que no somos pareja nos llevamos mucho mejor" explica entre risas Marina. "Nosotros ya éramos grandes amigos antes, nos conocemos desde los 15 años. Llegó un momento en que nos dimos cuenta de que no funcionaba el tema pareja, pero decidimos seguir trabajando y poner por delante lo positivo que teníamos. No fue fácil, pero en el circo siempre hay un más difícil todavía".

Marina y Rafa se conocieron en la adolescencia mientras cursaban la carrera de teatro. Allí complementaron su formación con algo de acrobacia y malabares ya que "eran un recurso perfecto para el teatro callejero". Entonces Rafa sugirió ir a España, donde tenía familia lejana. "La idea original era a estudiar teatro, pero se complicó por temas económicos y de papeles". Haciendo semáforos y actuaciones de calle juntaron el dinero suficiente para los billetes de avión y aterrizaron en Madrid. "Cuando llegamos a Madrid veníamos con lo justo, y aunque buscamos trabajos varios (camareros, limpieza en oficinas, etc) en ninguna entrevista nos aceptaron, por lo que decidimos montar un espectáculo de calle", recuerda Marina. 

Así comenzaron a acudir al Parque de El Retiro, lugar donde muchos artistas se han iniciado a lo largo de décadas. Fueron unas primeras actuaciones muy precarias: "No teníamos equipo de sonido, ni micrófonos, ni escenografía ni nada, y nuestros primeros ingresos invertimos para atraer a más gente". Al final consiguieron ser independientes económicamente con solo 19 y 21 años, y eso trabajando únicamente los fines de semana. "Eso sí, a las 6 de la mañana cogíamos el primer metro para tener el mejor lugar en el Reti y nos volvíamos a casa con 5 o 6 actuaciones hechas", aclaran. 

 Rafa y Marina, en una de sus primeras actuaciones en El Retiro, año 2000

"Después de un año de trabajar a la gorra en El Retiro nos enteramos de que existía una escuela de circo en Madrid llamada Carampa. No dudamos en hacer las pruebas de ingreso y nos admitieron". Así, durante dos años se formaron en esta escuela de circo, graduándose en 2003, a la que consideran ya parte de su familia. "Nuestro paso por Carampa está lleno de aprendizajes, de recuerdos, de amigos y amigas y de mucho cariño. Desde el minuto 1 nos adoptaron y nos trataron como familia, nos ayudaron con los papeles, etc. Faltarían páginas para agradecer aquí lo suficiente todo lo que ha supuesto para nosotros Carampa". De hecho, fue gracias a estos apoyos y experiencia por lo que se asentaron en Madrid como base de operaciones durante unos años, aunque actualmente ya vivan en diferentes provincias.  


 

Preguntados por el futuro de la compañía reconocen que la situación actual llena todo de incertidumbre, sabedores de que vienen meses duros para el sector, pero, como ellos mismos refieren "no le tenemos miedo, no es la primera crisis que vivimos, que ya tenemos unos añitos". Sus ganas de continuar en la brecha no disminuyen y ambos se encuentran en proceso de creación de nuevos espectáculos unipersonales y con muchas ideas para "cocinar la siguiente receta a dúo de la Cía Chimichurri". Estamos de suerte, queda salsa para rato.



La Cía Chimichurri celebrando su XX aniversario tras su bolo del 20 de agosto
La Cía Chimichurri celebrando su XX aniversario tras su bolo del 20 de agosto

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