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jueves, 23 de febrero de 2012

Circo subliminal

Desde que el circo ya no es solo circo, resulta increíble la ramificaciones y nuevos caminos que está trazando el llamado "mayor espectáculo del mundo". La conjunción de teatro y la danza logra que el circo exprese ideas e intenciones o se atreva a contar una historia.


Los Subliminati toman otra rama, a través del circo realizan un análisis de la sociedad, de nosotros mismos, de la actualidad. Con #File_tone desgranan la primera década del siglo XXI, mediante el humor y el absurdo; no dudando en incomodar al espectador en ocasiones para hacerle ver la incoherencia que somos.


Estos artistas beben de aguas francesas, pero las filtran con sus raíces particulares. Mikel Ayala es un bilbaíno formado en Carampa y Bristol que un día decidió que las mazas pueden no ser lanzadas, que el "fishtail" es su estado natural y la belleza se incrementa por momentos. Jordi Querol emprende su ruta desde el teatro excéntrico al circo y recaba en Toulouse, donde confluyen el beatbox y los malabares. Lorenzo Matropietro sale de Trieste para formarse en Carampa y Lido, toca jazz con sus sombreros. Yeojin Yun nace en Seúl pero el teatro le lleva a Francia a bailar. Maël Tebibi es el único que ya estaba allí, jugando a tirarse al suelo y hacer acrobacias imposibles.

Siempre están los cinco a la vista, sobre una escenografía que apenas cambia. No hay pausas, la conducción de la historia transcurre con cambios de luz y sonido, como si todo fuera un continuo con mensaje global. Un mensaje muy pensado de crítica social, mostrando los claroscuros de nuestra Europa con humor e ironía. Ironía de esa que se torna ácida y congela la sonrisa cuando algo gracioso se torna incómodo. Toman personajes reales, como Fidel, Obama, Carla Bruni, Silvio Berlusconi o Dalai Lama, y los caricaturizan al límite, con el circo como hilo conductor. El espectáculo es una montaña rusa, donde el público es transportado por intensos números de acrobacias, manipulaciones de sombreros únicas o por esa forma de mover las mazas tan especial. Todo imbricado con parones donde un hombre busca acogida en el extranjero, donde se ridiculiza la imagen de mujer escaparate que parece triunfar hoy día o donde un hombre busca su identidad cuchillo en mano.


Un impresionante Querol se muestra protagonista indiscutible por su beatbox y por su capacidad para transmutarse ora en un predicador de gospel que hace saltar al vacío al mismo Obama, ora en una mujer obligada a ser un objeto. Por su carga emocional y por lo depurado de la técnica, deja poso esa parte, donde una "mujer" es moldeada a gusto de la sociedad mientras Mikel ejecuta una rutina impecable de mazas entre una lluvia de hojas.


Es el espectáculo de lo inesperado, de la distonía que invita a pensar pese al leve rechazo inicial que en algunos momentos provoca. Es valiente y se nota la conexión entre estos artistas. Particularmente eché de menos las mazas de Querol, o más sombreros de Lorenzo, por ser números individuales de los que quedan en la retina. No terminé de disfrutar las acrobacias de suelo por el sufrimiento que expresaba el personaje de Maël, ni el momento bizarro del cuchillo. No es un espectáculo que termine en alto, aunque hay instantes de verdadero deleite y el sabor de boca que deja es el de un gusto diferente, que invita a la reflexión, a aplaudir y a especular con el tremendo futuro de esta compañía. No os lo perdáis.

¿Puede uno reírse de todo y con todos?
Damas y caballeros, somos kamikazes.
Y hay muchos como nosotros.
Bienvenidos a la Corporación.
Subliminati Corporation




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